Si bien es cierto, existen títulos de novelas o películas que parecen que se regresan del pasado para explicar el presente: Arráncame la vida, de la gran Ángeles Mastretta, retrató aquel México posrevolucionario dominado por caciques, generales, lealtades políticas y un poder que confundía lo público con lo privado: Hoy bastaría cambiar una palabra o una letra, para titular el nuevo episodio del regimen de partido hegemonico en el país: “Arráncame la visa”.
La cancelación de la visa estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente López Obrador y figura relevante de Morena, difícilmente puede verse sólo como un trámite migratorio. En el actual diferendo entre México y Washington, una visa se está convirtiendo en un instrumento político: una manera de enviar mensajes sin necesidad de recurrir a sanciones formales, acusaciones judiciales o peor aún: aranceles ¿De por sí?
Y ahí aparece el paralelismo con la novela de Mastretta. Si en el México posrevolucionario, los que sobrevivieron a la gesta heroica construyeron un régimen alrededor del poder de los generales, el México de la 4T ha construido el suyo alrededor de Morena, el liderazgo de López Obrador y una nueva generación política que comienza a disputar el futuro del movimiento.
Pero existe una diferencia: aquel régimen ejercía su poder fundamentalmente dentro de las fronteras nacionales. El actual enfrenta a un Washington que parece dispuesto a utilizar instrumentos extraterritoriales para presionar a la clase política mexicana. Por ende, el caso Andy adquiere una dimensión mayor.
La respuesta de Morena ha sido cerrar filas y presentar el episodio como una cuestión de soberanía. Pero Washington parece estar jugando otra partida: la de la presión selectiva sobre personas vinculadas al poder mexicano: no van contra el Morenismo, no van contra el regimen, en ese caso el gabinete no podría entrar a EE. UU.: van contra el obradorato: van contra el primero piso, el segundo piso lo están dejando transitar.
Y entonces aparece Christopher Landau. Después del retiro de la visa, el subsecretario de Estado estadounidense dejó una frase que encendió las especulaciones: quienes estaban disfrutando el “show” amarían lo que venía después.
Si la frase fue deliberada, la pregunta resulta inevitable preguntarse ¿La visa de Andy es el episodio, el epílogo o apenas el prólogo?
Ahí es donde la vieja novela política mexicana vuelve a encontrar su espejo.
En Arráncame la vida, el poder se ejercía mediante favores, lealtades, silencios y amenazas. En el México contemporáneo, los instrumentos han cambiado: visas, investigaciones, cooperación judicial, sanciones y presión diplomática.
La diferencia es que ahora parte de ese poder se ejerce desde Washington.
Por eso quizá el título de nuestra próxima novela política ya está escrito: “Arráncame la visa”.
Y como en toda buena novela, lo más interesante no es lo que ya ocurrió, sino lo que el siguiente capítulo puede revelar.
Por eso dijo Landau: agarren sus palomitas ¿O como era?
