Después de tres días de incertidumbre, el aguacate mexicano comenzó a recuperar su camino hacia Estados Unidos. A partir del 8 de agosto, el gobierno estadounidense reanudó parcialmente sus actividades oficiales en Michoacán, abriendo la posibilidad de restablecer las inspecciones necesarias para autorizar nuevos embarques desde la principal región productora del país.
La reapertura comprende inicialmente Tancítaro, Tacámbaro, Uruapan y el corredor entre Morelia y Pátzcuaro. Estos puntos forman parte del corazón productivo, logístico y comercial del aguacate mexicano. El regreso de las autoridades estadounidenses será gradual y permanecerá sujeto a evaluaciones continuas sobre las condiciones de seguridad en cada zona.
Conviene aclarar que la frontera nunca estuvo completamente cerrada al aguacate mexicano. La suspensión afectó las inspecciones realizadas por personal estadounidense en Michoacán, mientras la fruta autorizada previamente pudo continuar su recorrido. Jalisco también mantuvo sus exportaciones, aunque su volumen resulta insuficiente para reemplazar rápidamente la producción michoacana.
La interrupción comenzó el 5 de agosto debido a una amenaza contra intereses estadounidenses en Michoacán. El problema no estuvo relacionado con plagas, contaminación o incumplimientos de calidad. Sin inspectores disponibles, los empaques perdieron temporalmente la posibilidad de procesar y liberar nuevos cargamentos con destino al mercado estadounidense.
En una cadena de productos perecederos, tres días pueden alterar programas de corte, transporte, almacenamiento, contratos y precios. El aguacate continúa madurando en los árboles y la cosecha no puede detenerse de un momento a otro. Cada jornada de suspensión aumenta la presión sobre productores, cuadrillas, empacadores, transportistas y comercializadores.
La dimensión económica explica la rápida respuesta de ambos gobiernos. México proyecta exportar alrededor de un millón 300 mil toneladas de aguacate durante 2026, de las cuales cerca de un millón 200 mil tendrían como destino Estados Unidos. Casi nueve de cada diez toneladas exportadas dependen de ese mercado y de sus procedimientos de inspección.
Michoacán sostiene la mayor parte de esta actividad y alrededor de 200 mil empleos relacionados con huertos, empaques, transporte y comercialización. Durante 2025, las ventas mexicanas de aguacate a Estados Unidos alcanzaron aproximadamente 3 mil 700 millones de dólares. Una suspensión prolongada terminaría golpeando los ingresos y la estabilidad de numerosas comunidades rurales.
En esta ocasión, los inventarios disponibles y los cargamentos que ya se encontraban en tránsito evitaron un desabasto inmediato en Estados Unidos. Sin embargo, recuperar completamente el ritmo puede llevar varios días. La fruta acumulada deberá pasar por los empaques y las inspecciones antes de incorporarse al flujo regular de exportación.
También existe el riesgo de que aparezcan cuellos de botella durante la reapertura. Si regresan pocos inspectores o se atiende un número reducido de empaques, aumentarán los tiempos de espera y los costos logísticos. Esa presión podría trasladarse al productor mediante menores precios y al consumidor estadounidense a través de posibles incrementos.
El gobierno mexicano desplegó más de mil 500 elementos del Ejército y la Guardia Nacional para proteger zonas productoras, carreteras, centros de empaque y puntos de inspección. Esta presencia ayudó para reanudar actividades, pero deberá mantenerse mientras exista riesgo para inspectores, trabajadores, productores y transportistas.
Estamos frente a la tercera interrupción relacionada con problemas de seguridad desde 2022. Las inspecciones también fueron suspendidas durante ese año y nuevamente en 2024. ¿Cuántas veces puede detenerse una industria agrícola valuada en miles de millones de dólares antes de que los compradores busquen proveedores con menores riesgos operativos?
La prioridad inmediata debe ser recuperar toda la capacidad de inspección e informar diariamente cuáles municipios y empaques están trabajando. México y Estados Unidos necesitan ordenar la salida de la fruta acumulada, evitar maniobras especulativas y garantizar que la incertidumbre no sea utilizada para reducir injustificadamente el precio pagado a los productores.
También hace falta establecer un protocolo permanente con rutas protegidas, mapas de riesgo, comunicación directa y equipos de reacción inmediata. Una mayor participación de Senasica, respaldada por auditorías y acuerdos bilaterales, permitiría atender incidentes localizados sin frenar toda la región. México deberá ampliar las zonas autorizadas y diversificar sus mercados internacionales.
La reapertura representa una buena noticia, aunque deja una advertencia que México debe atender con seriedad. El aguacate conquistó la mesa estadounidense gracias a su calidad y disponibilidad; conservar ese mercado exige proteger cada tramo de la cadena. En cada fruto que cruza la frontera viajan años de esfuerzo, confianza comercial y el sustento de miles de familias.
Esto fue Ruta Agrícola, donde cosechamos información.
