Existen muchos estereotipos en el mundo del fútbol profesional, y muchos van encaminados a la cantidad de ocasiones en que los futbolistas encuentran trabas o se meten en problemas por no hacer lo mínimo indispensable fuera de las canchas: leer el contrato que están firmando.

Normalmente lo que le interesa al futbolista profesional al momento de plasmar su firma en un equipo nuevo es la cantidad de dinero que recibirá a la semana o al mes, y el rol que tendrá dentro del equipo; fuera de ello lo demás termina siendo intrascendente y lo llegan a considerar como “detalles”, pero que al momento de enfrentar turbulencia en el camino, es cuando empiezan a brincar todas esas cosas que no tuvieron la paciencia de leer en su momento.

El día de hoy nos atañe el tema de Julián Álvarez, delantero argentino del Atlético de Madrid, quien desde principios del periodo estival de transferencias, manifestó a los cuatro vientos su intención de que su actual patrón, es decir, el Atlético, lo vendiera al Fútbol Club Barcelona, alegando que es su “sueño de la infancia” el jugar con los blaugranas.

Álvarez, notablemente “alzado” por el efecto de haber ganado la Copa Mundial de 2022, sentía que el sartén lo sostenía por el mango, y que era él quien dictaminaba el cuándo y a dónde seguiría su carrera profesional, vamos, se sentía dueño de su propio destino. Increíblemente el argentino mantuvo esta postura a pesar de que se aventó un Mundial 2026 de auténtica basura, siendo banca en la mayor parte del campeonato y apenas trascendente, fuera de que en los cuartos de final ante Suiza anotó el 2-1 que destrabó un polémico partido.

Pero antes de proseguir, brinquemos un poco al pasado.

El 31 de enero del 2022, Julián fue traspasado de River Plate al Manchester City, en una cifra que rondó en los 24 millones de dólares, poco más de 20 millones de euros. El argentino llegó a Inglaterra en un rol que poco a poco lo fue incomodando, dado que tenía que competir por el puesto con Erling Haaland; enfrentamiento que por supuesto jamás pudo ganar y estuvo condenado a ser el “suplente de lujo”.

Pese a esta situación, Julián llegó a firmar una extensión de contrato hasta el 2028, pero luego de tener roces con Josep Guardiola y hacer berrinche por no ser el titular indiscutible, forzó su venta al Atlético de Madrid en 2024, por una cifra que rozó los 95 millones de euros, más un sueldo de 12 millones de euros anuales y obviamente como la punta de lanza de un proyecto deportivo con el Atlético, donde armarían el equipo al gusto y cualidades del delantero.

Claro, el “Aleti” accedió a sus demandas salariales, y agregó una cláusula de recisión de 500 millones de euros a manera de “blindarlo”; además de lo anterior, Julián firmó un contrato hasta el 2030, de manera que la propia “Araña” estuvo de acuerdo con todos estos términos y feliz de la vida estampó su firma en la hoja.

Volvemos al presente.

El Fútbol Club Barcelona, incapaz de pagar la cifra que pide el Atlético, empezó a endulzarle el oído al delantero argentino y prometiéndole las perlas de la virgen, empezando por el hecho de que le ayudarían a “cumplir su sueño” de jugar en el equipo Culé. Sin embargo, al momento de presentar su oferta de apenas 90 y pico millones de euros, el Atlético de Madrid la rechazó de manera tajante, comentando que Álvarez vale al menos 150 millones de euros, y pensándolo bien, sería un mucho más, pero cualquiera que tanto lo desee, simplemente que pague la cláusula de recisión y listo.

El Barcelona, carente de dinero, empezó su campañita mediática con influencers, periodistas argentinos y españoles, y también en redes sociales, haciendo ver a Julián Álvarez como una víctima, y al Atlético de Madrid como el villano que no deja a un jugador cumplir su sueño.

Pues bueno, con todo este contexto, es ahora cuando desmenuzamos todo lo que sucede en realidad, y donde el jugador será todo menos víctima en este teatrito que se ha montado en la madre patria.

Si tanto era su “sueño” como alega el propio delantero, ¿por qué no terminó su contrato inicial con el Manchester City y llegaba libre al Barcelona?, bien pudo esperar a cumplir su periodo con los celestes y llegar a Barcelona sin necesidad de pasar por Madrid, digo, si de verdad anhelaba jugar con los blaugranas, ¿para qué se fue a la capital española?

También debemos retomar los párrafos con los que empezamos, Julián firmó su contrato plenamente consciente y de manera voluntaria con el Atlético de Madrid, nadie lo forzó, y de nuevo, estamos convencidos que tanto él como

su agente se dejaron llevar por las cifras económicas y no leyeron lo que decía la cláusula de recisión. ¿Y ahora se quiere ir así como así?, ¿yéndose a un club que es competencia directa de su actual empleador?

Los jugadores piensan que militar para un equipo es como tener una relación romántica y la cortan cuando ellos quieran para irse a otro lugar, por eso es la importancia de terminar la escuela y leer aunque sea lo más elemental de derecho laboral, así se evitarían este tipo de penosas situaciones.

El Atlético de Madrid está en todo su derecho de negar la venta de su jugador si la cifra no es lo suficientemente atractiva para sus intereses financieros, rechazaron una oferta de 150 millones de euros del Real Madrid de manera tajante, ¿qué esperaba el Barcelona?, ¿que les aceptaran la miserable cantidad que ofrecieron?, además estamos hablando de un club endeudado y que no tiene liquidez, prácticamente están apelando a las triquiñuelas de los equipos argentinos que quieren pagarle con “aguante y pasión” a los jugadores argentinos que destacan en las ligas de América.

El único villano aquí es el Barca, que pretende quitarle un jugador a un rival a partir de la presión mediática y queriéndolo vender como víctima de un empleador que está cumpliendo su parte del contrato al pagarle su millonaria cifra en tiempo y forma. Triste que nos quieran vender la narrativa de que Julián Álvarez está deprimido y sufriendo en el Atlético mientras los aficionados lo abuchean (con justa razón).

Como sea, Julián Álvarez está aprendiendo a la mala la importancia de leer un contrato y que no solamente te dejes llevar por lo que te dice tu agente en cuanto a dinero. No es la primera vez que el argentino hace la misma táctica de presión para irse a otro lado, solamente que ahora se topó con pared y ahora deberá aguantarse. Por supuesto que no se puede sentir lástima ni tristeza por la situación de un jugador así, que ha tenido un par de años bastante mediocres en cuanto a rendimiento se refiere, y que además tuvo un Mundial bastante malo.

Veremos si el Barcelona se saca otra palanca financiera y logra llevárselo, pero lo que sí es claro, es que Álvarez se ha quemado en el mundo del fútbol por su nula disposición de cumplir sus contratos, y que sus caprichos lo ponen como jugador conflictivo y cerrándole así varias puertas de clubes serios, muy su asunto el equipo que quiera tener en sus filas a un jugador así.

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Con esto cerramos por hoy, les deseamos una excelente semana.

Hasta la próxima.