Reinventando la Política

 

La designación de Graciela Dominguez Nava, la nueva gobernadora de Sinaloa deja una primera lectura: el perfil que pesó no fue solamente político, sino de confianza, control y conducción institucional. Varias áreas del Estado Mexicano trabajaron en el perfil, porque tenían que cuidar muy bien a la presidenta Sheinbaum en esa decisión.

La pertenencia al movimiento de Morena era una condición necesaria, pero no suficiente. El perfil tuvo que pasar, necesariamente, por filtros políticos, financieros y de seguridad. Es decir, un personaje cuya trayectoria y entorno fueran suficientemente revisados por las áreas encargadas de inteligencia, seguridad y finanzas del Estado. El Gobierno de México con la lupa de DC (y no son los cómics) tenía que apostar con un perfil de probidad política y que permitiera la transición de la conducción gubernamental de un grupo, a los intereses presidenciales de bajarle la presión al estado.

Ahora bien, hay un elemento todavía más importante: la encomienda presidencial. La nueva gobernadora llega con dos tareas centrales: recuperar la gobernabilidad de Sinaloa y conducir el proceso electoral hasta buen puerto, en un escenario donde la seguridad será el principal factor de estabilidad política. Por ello no en balde el primer discurso se habló de algo que hace rato no se hablaba: paz.

Es por ello, que resulta particularmente simbólico que el día de su toma de protesta haya sido también uno de los días en que más presencia militar se ha observado en las calles de Culiacán. Ese es otro componente: cuidar, coordinar y respetar la labor de las fuerzas armadas. No se descarte una próxima reunión del gabinete de seguridad federal en el estado.

La fotografía política es clara: una gobernadora surgida de los filtros de Morena, respaldada por el centro y acompañada por un aparato de seguridad reforzando  el territorio. Es una decisión bastante respaldada.  En ese orden, las fotos de la primer junta con el gabinete lo dice todo: salvo dos titulares de secretarías se veían tranquilas y confiadas. El resto de las personas, algunas tranquilas, otras pensativas, otras bastante serias y algunas con las miradas perdidas. La imagen lo dice todo.

Más que un relevo administrativo, parece el inicio de una operación de estabilización política de Sinaloa, donde gobernabilidad, seguridad, economía y elecciones forman parte de una misma agenda. Esa es la ruta de vuelo.

Ahora comienza la verdadera prueba: convertir el respaldo presidencial en gobernabilidad y llevar a Sinaloa a bajarle la presión política… el oficio político, el equipo y la formación en mucho van a ayudar.