Reinventando la Política
El lunes pasado, en microfonos de Los Noticieristas con Luis Alberto Diaz, muy temprano en la mañana el diputado federal con licencia Jesús Ibarra y precandidato a ser coordinador de Defensa de los Comités de la 4T -o lo que eso signifique o eluda la ley electoral- lanzó un reto: “Que nos pase báscula la FGR”, como diciendo que la Fiscalía federal nos investigue a todos los que pretendemos ser titular del Ejecutivo estatal por el movimiento de la 4T.
Ahora bien, bajo esa óptica de microscopio, ¿quién realmente tiene el poder para pasar báscula en política? ¿Quién puede decir quién sí y quién no puede convertirse en un activo político del movimiento gobernante?
El contexto político, social y económico en 2026 es muy distinto al de 2024. La seguridad en Culiacán y ya en Mazatlán es un clamor, en ese escenario, por tal, la discusión de candidaturas no sólo pasa por la popularidad, las encuestas o la estructura propia en territorio.
En estos tiempos las decisiones políticas pasarán por el componente de confiabilidad institucional. No basta con ganar la encuesta y ser bien buena ondita; también importa no representar un riesgo para la estrategia de seguridad nacional, ni para el Estado Mexicano, ni tampoco que sea un riesgo por lo cual la presidenta Sheinbaum como exmandataria presente problemas en su entramado político con la justicia estadounidense. Su principal socio comercial.
Es por ello, que reducir el debate a la FGR a que investigue o no, está bien, fue una buena jugada, pero esa institución procesa carpetas de investigación, pero el sistema de seguridad del Estado opera en un radio de acción mucho más amplio. Las Fuerzas Armadas y la Secretaría de Protección Ciudadana generan información de inteligencia y evalúan riesgos que corresponden principalmente a tomar decisiones día a día, por esa razón cuentan con canales estrategicos de cooperación con Washington, por eso no le van a dificultar las cosas a la mandataria en su entramado político.
Esto significará, que aunque la decisión de candidaturas en Morena será una decisión política, en el tamizaje de esa decisión se terminará tomando en cuenta el componente de seguridad. Esto, por el costo político de impulsar perfiles que eventualmente pudieran convertirse en un problema para la relación bilateral sería demasiado alto y la mandataria (y comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas) no quiere correr ese riesgo.
En ese sentido, tambien puede interpretarse el aplazamiento del proceso interno de Morena hasta septiembre. Oficialmente pueden existir mil razones de organización del calendario, pero resulta legítimo preguntarse si el tiempo adicional también permitirá despejar incertidumbres sobre determinados perfiles, revisar información de inteligencia o simplemente esperar a que concluya determinada etapa de la agenda bilateral en materia de seguridad.
La política mexicana con el partido imperante está pasando por una transformación o tal vez, ¿regeneración? Silenciosa y es que durante años los filtros para acceder al poder eran la disciplina, la lealtad, la formación, el respaldo del mandatario o mandataria o, la capacidad electoral. Hoy emerge uno más en la fila: la confiabilidad desde la persepectiva de la seguridad del estado.
Por ende, la báscula no va a pesar expedientes judiciales, también pesará riesgos políticos, institucionales y estratégicos. Y en un momento en que México y Estados Unidos han colocado a la seguridad como prioridad compartida (seguridad compartida de los pueblos), ese filtro puede terminar siendo determinante en la encuesta.
Tal vez, por eso al preguntarse ¿quién ganará la encuesta de Morena? La verdadera interrogante es ¿quién superará los filtros visibles e invisibles que hoy imponen quienes en verdad ejercen el poder?
Entonces la báscula no está en la FGR, está en Lomas de Sotelo y en Constituyentes.
A poco si el secretario Omar García Harfuch quiere ser presidente en 2030, ¿no empezaría limpiando desde ahorita el tablero político?
Es pregunta, sin pasar báscula y sin filtro.
