Hay decisiones que parecen administrativas, pero en política casi nunca son solamente eso. El INE acaba de meterle mano a la identidad de Somos México. Primero, cuestionó el nombre y, ahora, en medio de la polémica, el partido tendrá que caminar con una identidad distinta. Y mientras a unos les dicen que no pueden llamarse “México”, el propio INE decidió abandonar el tradicional rosa que durante años lo identificó.

Ahora resulta que el instituto se pinta de lila, con una tonalidad que recuerda a los ajolotes de la Ciudad de México. ¡Qué coincidencia! Porque en política también los colores hablan.

El rosa fue, durante años, un color asociado a la movilización ciudadana que salió a las calles para defender al INE. La llamada marea rosa terminó convirtiéndose, incluso, en parte del imaginario político de la oposición y, precisamente, de ese movimiento nació Somos México, nuevo partido que busca competir en 2027.

Entonces, ¿el INE cambió de color o simplemente cambió de época? Y aquí entra Guadalupe Taddei porque, mientras el Consejo General aparece cada vez más dividido en bloques, las decisiones del instituto comienzan a leerse también en clave política. La propia renuncia reciente de la secretaria ejecutiva, Claudia Arlett Espino, dejó al descubierto las diferencias internas y la existencia de un bloque encabezado por Taddei.

Por eso vale la pena preguntar, aunque solamente sea como hipótesis política: ¿no será que la consejera presidenta ya agarró color? Y si lo agarró, habría que preguntarse cuál porque, en la política mexicana, ya no solamente existe la disputa entre izquierda y derecha, también comienza a hacerse evidente otra división: Palenque y Palacio.

Una cosa es el proyecto político que construyó Andrés Manuel López Obrador y otra la manera en que Claudia Sheinbaum está intentando construir su propio gobierno.

Taddei llegó al INE con una trayectoria que, inevitablemente, la vinculó con el entorno obradorista. Hoy, frente a un Consejo Electoral dividido y con decisiones que generan desconfianza en sectores de la oposición, la pregunta ya no es solamente qué hace el INE. Ahora bien, ¿para quién está leyendo políticamente el INE el tablero de 2027?

Porque quitarle el nombre “México” a un partido puede tener una explicación jurídica; cambiar el color institucional puede tener una explicación de identidad gráfica. Todo puede tener un pretexto, pero, cuando ocurren varias cosas al mismo tiempo, la política empieza a preguntar por el contexto y, entonces, aparece la verdadera duda: ¿Taddei está jugando para el INE, para Palacio o mirando hacia Palenque?

Porque en política, a veces, el color no es el mensaje… es el pretexto.