Reinventando la Política
Las fotografías del día lunes pasado explicó el cierre de las 17 definiciones de Morena rumbo a 2027. Si bien es cierto, esto nos permite leer algo más que una lista de candidatos. La selección parece mostrar un reacomodo de poder dentro de la llamada Cuarta Transformación: la presidenta Claudia Sheinbaum conserva piezas propias, reconoce espacios a los gobernadores -y vaya que lo hizo-, mantiene interlocución con los aliados —públicos y menos visibles— y, al mismo tiempo, deja sobrevivir algunos territorios de influencia del obradorismo.
Morena terminó de definir sus coordinaciones estatales para las 17 gubernaturas que estarán en juego. Entre los perfiles hay una fuerte presencia del Senado -10 de 17, de las cuales 9 son mujeres- y, figuras vinculadas con gobiernos estatales, federales y municipales.
La primera lectura es de equilibrio interno. Sheinbaum no parece haber convertido la selección en una operación para borrar a los gobernadores. Por el contrario, varios mandatarios lograron colocar perfiles cercanos: Sonora con Lorenia Valles; Zacatecas con Verónica Díaz, vinculada al grupo Monreal; Quintana Roo con Eugenio Segura; Colima con Rosa Bayardo; Campeche con Pablo Gutiérrez; Michoacán con Carlos Torres Piña y Baja California con Julieta Ramírez. En varios de estos casos, la relación con los grupos locales resulta políticamente relevante.
Pero una cosa es conceder espacios y otra entregar el control del tablero. Ahí aparece la mano presidencial. En Sinaloa, Imelda Castro representa una candidatura que no corresponde al grupo político del gobernador Rubén Rocha Moya, de acuerdo con la lectura que se ha hecho de la definición interna. En Tlaxcala, Ana Lilia Rivera tampoco representa al grupo de la gobernadora Lorena Cuéllar. Y quizá el caso más visible sea Chihuahua: Cruz Pérez Cuéllar fue seleccionado por encima de Andrea Chávez, una figura nacional y asociada políticamente con Adán Augusto López.
Ese último movimiento tiene una lectura particular: la presidenta no necesariamente está dispuesta a dejar que cada corriente nacional convierta una gubernatura en su feudo.
Caso aparte, el gobernador de Nuevo León, el Emecista Samuel García, salta a la sospecha la candidatura por Morena de Clara Luz Flores pareciera que se la está poniendo de turrún, para que se repita la elección del 2021: Clara Luz por Morena, Adrián de la Garza por el PRI (se suma el PAN) y Samuel, pero esta vez con su esposa Mariana de candidata. ¿Entrega total o se les cuela el PRI?
Y entonces aparece el segundo ingrediente: los aliados públicos. El PVEM no solamente acompaña a Morena; está adquiriendo capacidad de negociación. Nayarit y Baja California Sur quedaron en su órbita política, mientras que en Quintana Roo, Eugenio Segura representa también una pieza fundamental de la relación con el Verde. La negociación con los aliados se volvió parte del reparto del poder rumbo a 2027.
El mensaje es claro: Morena puede ser el partido dominante, pero la coalición tiene varios centros de gravedad.
Y todavía falta una pieza: López Obrador. No necesariamente se trata de que el expresidente conserve el control de Morena —esa sería una afirmación que requeriría mayores elementos—, sino de reconocer que algunas figuras vinculadas con el obradorismo siguen teniendo capacidad de negociación. Guerrero, con Beatriz Mojica, y Nuevo León, con Clara Luz Flores, pueden leerse dentro de esa compleja zona de equilibrios entre el lopezobradorismo y la actual dirigencia nacional.
Así, el pastel parece tener varias rebanadas: unas para Sheinbaum, otras para los gobernadores, otras para el PVEM y otras para las distintas corrientes que sobreviven dentro de Morena.
¿Y el PRI? Aquí podría estar la parte más interesante de la negociación futura. No necesariamente se necesita entregar una gubernatura al PRI para concederle oxígeno político. Puede bastar con dejar determinados territorios abiertos, permitir que la oposición compita con posibilidades reales de construir una mayoría local o, incluso, concentrar los esfuerzos morenistas en las entidades consideradas estratégicas.
Lo que sí puede observarse es que la selección de Morena no parece responder a una sola lógica. No es únicamente Sheinbaum; tampoco son solamente los gobernadores, ni el obradorismo, ni el Verde. Es la negociación entre todos ellos.
Y quizá esa sea la verdadera fotografía de 2027: Sheinbaum no repartió todo el pastel. Pero tampoco permitió que una sola mano se quedara con él.
