Reinventando la Política
Hay un fantasma que comienza a resultar incómodo para el sur de Sinaloa: es el fantasma de la Michoacanización. No por que se haya convertido en Tierra Caliente. Sino porque algunos de los métodos de violencia que han convertido a aquel estado en uno de los principales escenarios de guerra híbrida en el país, empiezan a aparecerse en territorio sinaloense, en donde la tecnología de la violencia se vuelve cada vez más cruel, cada vez más pública, a la luz del día e implementando un terror psicológico en territorio que vulnera y somete a la población.
En Escuinapa ya no se habla solamente de asesinatos y balaceras. Se habla de drones lanzando explosivos, ataques contra policías y fuerzas de seguridad, desplazamientos, bloqueos y hasta un vehículo que explotó en la entrada de la ciudad, en junio pasado.
Y aquí aparece la comparación inquietante. En Michoacán, el crimen organizado ha evolucionado hacia formas de confrontación cada vez más sofisticadas: explosivos, drones, control territorial, extorsión y células con capacidad casi militar. En los últimos meses, tanto en Michoacán, como en el sur de Sinaloa, se ha confirmado la presencia de sicarios colombianos al servicio de un cartel. ¿Son paramilitares? ¿Ya hay paramilitarismo?
Si bien es cierto, todavía no hay elementos suficientes para llamarlos así. Un paramilitar implica una organización armada con una lógica política o de control territorial que rebasa al simple sicariato criminal. Pero sí estamos viendo algo igualmente preocupante: la profesionalización y transnacionalización de la violencia. Por eso el problema no es solamente que Escuinapa tenga más violencia. El problema es que la violencia está cambiando de naturaleza y nos está llegando sicariato de otros países.
Y mientras tanto, Mazatlán concentra buena parte de la atención por su importancia turística. En municipios como Escuinapa y Concordia se está librando otra batalla: la del territorio.
Si esa transformación continúa, el sur de Sinaloa podría dejar de ser solamente una extensión de la guerra del Cártel de Sinaloa y comenzar a parecerse, peligrosamente, a los escenarios que durante años hemos visto en Michoacán.
En ese sentido, la cuestión ya no es si Sinaloa se está violentando más, el tema es, ¿qué tipo de violencia está llegando? ¿Qué nueva pedagoría de la violencia está llegando por el sur? ¿Estamos listos en Sinaloa para michoacanizarse?
Está expansión de la guerra híbrida no le da tregua al Ejército. Escuinapa está dandonos la respuesta… La transformación de la violencia está llegando por el sur.
