Reinventando la Política

 

En la columna del pasado lunes hicimos referencia sobre la gira de la presidenta Sheinbaum, aquí en Culiacán, ella habló de soberanía. Insistió en que la injerencia extranjera provoca violencia y que México debe construir la paz con justicia y sin subordinación y todo lo que demás ha dicho incluso hasta de la guerra… de los pasteles.

La presidenta lo gritaba fuerte y claro en el epicentro de la acusación de los 10 de Brooklyn. Resultó altamente sospechoso que dedicara por lo menos varios minutos a dar una clase de historia sobre intervención extranjera para rematar en la injerencia. Algo sabía la presidenta por eso vino a cuidarse la espalda. Sí, aquí en Sinaloa.

Dos días después, Donald Trump tomó la palabra en la Asamblea General de la ONU. Desde la máxima tribuna internacional, el presidente estadounidense dijo que Estados Unidos no puede aceptar compartir una frontera con un territorio que, según sus palabras, está controlado por los cárteles. Añadió que México debe volver a controlar su territorio. Al mismo tiempo, aseguró que mantiene una “muy buena relación” con el gobierno mexicano.

Trump lo delinea muy bien: no tengo problema con Sheinbaum, el problema es la herencia de pactos que le dejaron. Aquello que el gran Porfirio Muñoz Ledo le mandó decir a AMLO que los pactos con la criminalidad no podrían heredarse.

Mientras tanto otro Muñoz Ledo estaba en la ONU con cara descompuesta igual que la del Canciller y su equipo al escuchar el discurso de Donald Trump y de lo cual no hubo respuesta… hubo postura sobre otros temas, pero ni por equivocación le contestaron al magnate inmobiliario que carga la maleta del botón nuclear.

Ahora bien. La coincidencia temporal resulta, cuando menos, interesante. ¿Sabía Sheinbaum lo que Trump diría en la ONU? No hay elementos públicos para afirmarlo. Pero sí parece claro que el tema de la soberanía ya estaba colocado sobre la mesa mexicana antes de que Trump hablara.

Y entonces aquella frase pronunciada el domingo en Culiacán adquiere otra dimensión.

¿Se estaba cuidando las espaldas? Todo apunta a que sí.

Porque Trump no solamente habló de los cárteles. Habló de territorio, de seguridad y de los intereses de Estados Unidos en el hemisferio. Y la propia Casa Blanca señaló que Washington está dispuesto a utilizar su poder militar cuando considere necesario proteger sus intereses vitales.

¿Qué viene ahora? Probablemente, la relación bilateral tendrá que moverse en una zona cada vez más delicada: cooperación contra el crimen organizado, intercambio de información, control fronterizo, soberanía y presión estadounidense para que México demuestre capacidad de control territorial.

Sheinbaum ya marcó su frontera discursiva: cooperación sí; injerencia no.

Trump, desde la ONU, acaba de marcar la suya: Estados Unidos no aceptará amenazas en su entorno y exigirá resultados frente a los cárteles más lo que han declarado sobre la red de entramado gubernamental.

Ahora bien, ¿qué sabe el gobierno mexicano que podría o puede venir en materia de presiones externas?

Porque a veces los gobiernos no esperan a que llegue la tormenta para cerrar las ventanas.

Y quizá en Culiacán, Sheinbaum ya estaba cerrando algunas.