Reinventando la Política
Claudia Sheinbaum llegó a su segundo Informe de Gobierno presumiendo una reducción de 51 por ciento en los homicidios y avances en seguridad.
Pero hay una cifra que no apareció con la misma fuerza y con la intensidad: los desaparecidos.
En Sinaloa, entre el 1 de enero y el 1 de septiembre, se registraron 644 personas desaparecidas o no localizadas en 2025 y 418 en 2026, según esta serie estadística del Registro Nacional y No Localizadas de la Secretaría de Gobernación.
Es cierto: hay una reducción de 35 por ciento respecto al año pasado. Pero también hay otra lectura: 418 desaparecidos en los primeros ocho meses del segundo año del gobierno de Sheinbaum siguen siendo demasiados. Cuando veníamos de una media de 280 del gobierno de López Obrador.
Y más cuando 2025 se convirtió en el año de mayor concentración de desapariciones en Sinaloa. El problema es que una política de seguridad no puede medirse solamente por cuántos homicidios disminuyen.
Porque un desaparecido no es un homicidio registrado. Es una familia atrapada en la incertidumbre. Es una madre que busca. Es una fotografía que permanece en una pared.
Y hoy, en Sinaloa, hasta las madres buscadoras están siendo atacadas. El atentado contra la señora Alma Rosa Rojo, ocurrido el 29 de agosto, es el recordatorio más reciente de que la violencia no solamente se lleva personas: también intenta silenciar a quienes las buscan.
Por eso el segundo informe presidencial deja una pregunta incómoda para Sinaloa: ¿de qué sirve contar menos muertos si seguimos sin saber dónde están miles de desaparecidos?
La seguridad no termina cuando baja el homicidio. La seguridad comienza cuando nadie tiene que buscar a un hijo.
