Reinventando la Política

 

Culiacán volvió a cambiar de comandante militar en la IX Zona Militar. Y en una ciudad que lleva demasiado tiempo conviviendo con la violencia, el relevo no puede leerse únicamente como un movimiento administrativo dentro del Ejército. Este jueves se concretó la llegada del general Carlos Alberto Guerrero Curiel a la Novena Zona Militar, en sustitución del general Julio César Islas Sánchez, quien apenas había asumido el cargo en mayo pasado.

El nuevo comandante llega con alrededor de cuatro décadas de trayectoria militar, experiencia como jefe de Estado Mayor, comandante de zonas militares, director de la Escuela de Mando del Ejército y, particularmente, con antecedentes en operaciones de seguridad y Fuerzas Especiales. También estuvo al frente de un mando especial en Badiraguato, además de haber participado en despliegues en Tijuana.

Bajo esa currícula ¿es relevante este perfil para la realidad actual de Culiacán? Probablemente sí, al menos desde el punto de vista estrictamente operativo. Debido a que la violencia que enfrenta Culiacán no ocurre en un solo escenario. Está en las colonias, en las carreteras, en las zonas rurales, en los accesos a la ciudad y en los desplazamientos de grupos armados. Hay vehículos robados, armas largas, bloqueos, enfrentamientos, inteligencia criminal, vigilancia y una permanente disputa por el control territorial.

Es decir, no se trata solamente de tener más soldados en las calles: se trata de leer el territorio. Ahí cobra importancia la experiencia de Guerrero Curiel. Un mando con antecedentes en zonas de conflicto y operaciones especiales llega precisamente a una ciudad donde la seguridad exige combinar presencia territorial, inteligencia, capacidad de reacción y coordinación entre instituciones. Pero tampoco conviene esperar que un cambio de comandante, por sí mismo, modifique la dinámica de la violencia.

La propia experiencia reciente demuestra que la presencia militar puede incrementarse considerablemente sin que desaparezcan las causas ni las capacidades de los grupos criminales. Durante 2026 han llegado a Culiacán contingentes adicionales de Fuerzas Especiales y otros refuerzos militares.

Por eso, quizá la verdadera pregunta no sea quién llega a la Novena Zona Militar. Aquí la situación es qué estrategia llega con él. Porque Culiacán ya no parece solamente un espacio donde hay que patrullar.

Es un territorio que necesita ser comprendido. Un territorio donde la inteligencia puede ser tan importante como la fuerza, donde la coordinación con las policías y fiscalías resulta indispensable y donde cada movimiento militar tiene consecuencias sobre la percepción de seguridad de la población.

El General Guerrero Curiel conoce Sinaloa, conoce Badiraguato. Tiene experiencia en mandos operativos y en escenarios donde el territorio es parte fundamental del conflicto. Ahora tendrá que demostrar si esa experiencia puede traducirse en resultados en una ciudad mucho más compleja.

Porque en Culiacán el desafío ya no es únicamente estar en el territorio. Es saber qué está ocurriendo dentro de él, quién lo controla, cómo se mueve la violencia y cómo recuperar espacios sin convertir la ciudad en un permanente teatro de confrontación.

El cambio de mando ya ocurrió.

Ahora falta conocer el cambio de estrategia, porque la violencia sigue imperando.