Reinventando la Política

 

En su último Live por redes sociales para anunciar su libro “Pueblo”, Andrés Manuel López Obrador recomienda a Morena no postular familiares de quienes ocupan cargos públicos y, sobre todo, evitar a aquellos aspirantes de quienes existan pruebas de ser “malandrines”, aun cuando tengan posibilidades de ganar. Incluso advierte que aferrarse a una candidatura sin haber ganado una encuesta puede revelar una “ambición desmedida” y conducir al desprestigio.

El mensaje parece claro: primero los principios, después las candidaturas. Primero el movimiento, después el apellido. Pareciera que ese es el mensaje. Pareciera que es verdad. Pero la política tiene esa extraña costumbre de convertir las palabras en espejos. A veces empañados, a veces limpiecitos.

Apenas unos días después de la aparición del libro, su hijo Andrés Manuel López Beltrán se registró para buscar una diputación federal por el Distrito 6 de Tabasco. Y su hermano Pío López Obrador hizo lo propio para contender por una diputación federal en Chiapas.

Entonces, ¿para quién era el mensaje de López Obrador? ¿Era para Morena? ¿Para los gobernadores? ¿Para los aspirantes que quieren convertir los apellidos en una ruta de acceso al poder? ¿O era, acaso, una recomendación que también debía ser escuchada en casa?

Porque el problema no es que un hijo o un hermano de un expresidente quiera participar en política. Tienen derecho a hacerlo. El problema político aparece cuando un discurso contra el nepotismo coincide, casi simultáneamente, con la participación electoral de los propios familiares.

Y ahí aparece la paradoja: López Obrador parece advertirle a Morena que no convierta el movimiento en una agencia de colocaciones familiares, mientras su propia familia toca la puerta de las candidaturas.

Quizá Pueblo no sea solamente un libro sobre el pasado. Tal vez también sea una carta para el futuro de Morena.

La pregunta es si quienes deben leerla están dentro del partido… o también viven en Palenque.