Cuando un agricultor depende de pocos compradores, cualquier cambio de precio puede poner en riesgo el trabajo de todo un ciclo. Esa fragilidad también alcanza a las exportaciones mexicanas. Por eso, mirar hacia los países árabes tiene sentido: ampliar destinos puede abrir nuevas ventas y dar mayor estabilidad al campo.

 

Mariana Tuma, presidenta de la Cámara Árabe Mexicana de Industria y Comercio, señaló hace unos días las oportunidades regionales para los alimentos mexicanos. Aguacate, frutos rojos, limón, garbanzo y productos procesados forman parte de esa oferta. El interés existe, pero convertirlo en pedidos exige conocer al comprador y cumplir sus condiciones.

 

Emiratos Árabes Unidos importa cerca del 80 por ciento de sus productos agrícolas, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. En 2025 compró al exterior casi 18 mil millones de dólares en alimentos destinados al consumidor. La escasez de agua y el turismo ayudan a explicar esta demanda que abre posibilidades para proveedores mexicanos.

 

Importa conocer los destinos. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Marruecos tienen diferencias de ingreso, consumo y distribución. Tampoco todos los consumidores buscan productos de lujo. ¿Qué alimento mexicano puede llegar al cliente adecuado, con la calidad que espera y un precio que deje ganancias después de cubrir todos los costos?

 

Para Sinaloa, el garbanzo ofrece un punto de partida concreto. En 2024, las exportaciones estatales de este producto superaron los 100 millones de dólares, según la Secretaría de Economía. Esta cifra refleja experiencia exportadora que puede ayudar a profundizar relaciones con compradores árabes.

 

El garbanzo permite almacenar y programar entregas con más flexibilidad que una hortaliza fresca. Cada comprador exige condiciones de tamaño, limpieza, humedad y calidad. Se requiere que las organizaciones vinculen la siembra con contratos y demanda comprobable. Aumentar superficie por entusiasmo puede terminar presionando los precios locales.

 

Para las hortalizas, la evaluación debe ser distinta. El viaje consume parte de su vida comercial y exige refrigeración constante. Un buen precio en destino puede desaparecer entre fletes, mermas y rechazos. Antes de pactar ventas, se requieren embarques de prueba que midan los plazos de transporte y la calidad que recibe el comprador.

 

También importa evaluar alimentos procesados: salsas, conservas, vegetales congelados y garbanzo listo para consumir. Su viabilidad dependerá de costos, preferencias y canales de venta. Para las empresas sinaloenses, transformar la cosecha podría ampliar opciones comerciales y generar empleo, siempre que exista una demanda suficiente y verificable.

 

México llegará a mercados donde ya participan proveedores de Europa, Asia y otras regiones. Algunos cuentan con menores distancias y relaciones comerciales consolidadas. Por ello, competir exige identificar temporadas, sabores o presentaciones que el comprador valore. La calidad debe acompañarse de precio competitivo y entregas constantes.

 

La apertura comercial exige un trabajo sanitario. El Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) debe acompañar la verificación de requisitos por producto y destino. Exportar a Estados Unidos no garantiza acceso automático a otro país. Cada exportación requiere confirmar certificados, permisos y límites de residuos.

 

Se necesita entender la certificación halal, que acredita el cumplimiento de las reglas islámicas aplicables al alimento. Su exigencia depende del producto y del destino, especialmente en carnes e ingredientes animales. No puede suponerse obligatoria para toda fruta u hortaliza. El etiquetado y los registros también deben revisarse antes de enviar.

 

La distancia incorpora riesgos que piden atención. La guía estadounidense para Emiratos advierte en 2026 sobre alteraciones del transporte y mayores costos asociados al conflicto regional. Las empresas requieren prever rutas alternativas, seguros y costos por retrasos. Un negocio debe sostenerse también cuando el trayecto cuesta más de lo previsto.

 

Se requiere que Agricultura, Economía y las representaciones diplomáticas organicen una agenda por producto y país, con compradores identificados. El apoyo público debe facilitar información de mercado, trámites y pruebas logísticas. Las misiones empresariales requieren reuniones preparadas y seguimiento, hasta convertir contactos en exportaciones.

 

Las asociaciones agrícolas deben reunir oferta compatible, acordar estándares y negociar servicios compartidos. Los exportadores necesitan verificar a sus compradores y pactar pagos, responsabilidades y condiciones de entrega. Los intermediarios financieros deben evaluar los fondos necesarios para sostener la operación de la cosecha hasta el cobro.

 

La diversificación requiere paciencia y resultados medibles. Estados Unidos seguirá siendo un socio fundamental; construir otras relaciones comerciales puede reducir nuestra exposición a sus cambios. El avance debe medirse en clientes que repiten pedidos y márgenes para el agricultor. Una fotografía en una feria aún está lejos de cumplir esa tarea.

 

El campo mexicano necesita más puertas abiertas y capacidad para cruzarlas con éxito. Los países árabes ofrecen una oportunidad que merece trabajo, continuidad y coordinación. Tras cada embarque hay familias que dependen de cada cosecha. Abrir mercados tiene sentido cuando el esfuerzo se traduce en ingresos justos y confianza para seguir sembrando.

 

Esto fue Ruta Agrícola, donde cosechamos información.