Al 11 de octubre de 2026, el corte de información oficial ubica a las once principales presas de Sinaloa en un 55.8% de almacenamiento. La recuperación mejora las perspectivas de siembra y el volumen de producción de los agricultores. Ahora toca precisar cuánto podrá utilizarse, en qué regiones y bajo cuáles condiciones de entrega.
El informe de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) registra 8,822.5 millones de metros cúbicos en estas once presas. Son alrededor de 630 millones más que el 29 de septiembre. Este conjunto se contabiliza por separado de Santa María y Picachos. Mantener la misma cobertura permite comparar las reservas sin mezclar sistemas ni alterar los valores.
El corte del 10 de octubre coloca a Huites en 86.2%, Miguel Hidalgo en 27.2% y Josefa Ortiz de Domínguez en 22.2%. Miguel Hidalgo y Josefa Ortiz están por debajo de 30%. Esa limitación debe considerarse al programar los riegos, aunque Huites registre un porcentaje mucho mayor. Para conocer el agua que llegará a las parcelas, deben revisarse las transferencias entre las presas y los compromisos de entrega a los módulos.
En el centro del estado hay contrastes: Sanalona está en 75.4%, El Varejonal en 46.6% y El Comedero en 54%. Un dato más favorable no significa que todos los productores tengan igual seguridad de abastecimiento. La ubicación de cada parcela y las condiciones de los canales determinan cuánto del agua almacenada puede convertirse en riegos oportunos.
El llamado “Super Niño” alude a un episodio muy intenso de lluvias. Conagua prevé que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte hacia el final de 2026. Su influencia modifica la circulación atmosférica y la posibilidad de lluvias. Esa perspectiva ayuda a preparar decisiones, pero la intensidad del fenómeno no garantiza que se llenen las presas.
El Niño altera los vientos y la distribución de las lluvias y puede favorecer la actividad ciclónica del Pacífico. En Sinaloa, la recuperación también responde al monzón y a escurrimientos de tormentas. Los datos de las presas no permiten medir qué proporción del agua recibida corresponde directamente a este fenómeno ni atribuirle toda la mejoría.
En su perspectiva invernal, Conagua prevé lluvias superiores al promedio en el noroeste de México durante diciembre de 2026. Eso abre la oportunidad de aportaciones para Sinaloa, condicionada a que las precipitaciones alcancen las cuencas que alimentan las presas y produzcan escurrimientos suficientes. La lluvia en ciudades no equivale a captación.
Conagua informó el 8 de octubre que se autorizaron cerca de 6,800 millones de metros cúbicos para uso agrícola en Sinaloa. Este anuncio mejora la perspectiva del ciclo otoño-invierno 2026-2027. El siguiente paso es precisar la distribución por distrito y módulo, pues una autorización general todavía requiere traducirse en entregas a cada productor.
La estimación para el 31 de diciembre de 2026 sitúa a estas once presas alrededor de 44% de almacenamiento, unos 7,000 millones de metros cúbicos. Es una proyección basada en datos de Conagua considerando cambios en lluvias y extracciones. El cálculo toma como referencia la reducción neta entre el 10 de octubre y el cierre de diciembre de 2025.
En ese periodo de 2025, las reservas pasaron de 7,535.1 a 5,721.1 millones de metros cúbicos, una reducción de 1,814 millones. Si se repitiera ese balance neto, los 8,822.5 millones actuales terminarían en 7,008.5 millones, equivalentes a 44.3% de la capacidad. Es una referencia basada en un solo año. Su incertidumbre impide asumirla como garantía.
Las lluvias invernales que prevé Conagua podrían elevar el cierre respecto de esa estimación. Mayores extracciones podrían reducirlo. El cálculo supone repetir el balance de 2025 sin asignar un volumen adicional a El Niño. Habrá que actualizarlo con las aportaciones reales y el avance de los riegos.
La asignación de agua a los módulos está prevista para el 15 de octubre, según Conagua. Los calendarios de entrega deben comunicarse antes de comprometer inversiones y revisarse según cambien las reservas. ¿Cuánta superficie conviene autorizar con el agua disponible y qué parte debe esperar a que las lluvias se conviertan en aportaciones?
Tener agua tampoco garantiza una cosecha rentable. Cada productor necesita comparar el costo, el rendimiento probable y el precio de venta antes de decidir qué sembrar. Cambiar a un cultivo de menor demanda de riego puede ayudar, siempre que existan compradores, experiencia técnica y recursos para sostenerlo. La diversificación necesita un mercado.
Los módulos pueden comenzar por reparar fugas, revisar compuertas y coordinar turnos de entrega. En las parcelas, medir la humedad del suelo y ajustar el riego a la etapa del cultivo ayuda a decidir mejor. Esas acciones necesitan personal preparado y seguimiento Comprar equipos sin organizar su uso deja pendiente la parte que permite ahorrar agua.
La experiencia de escasez debe servir para revisar cómo distribuimos y aprovechamos el agua. Si el ahorro termina comprometido por completo en nuevas hectáreas, el margen frente a otra temporada seca seguirá siendo reducido. Conviene acordar qué parte permitirá producir mejor y cuál parte fortalecerá la reserva con cuentas públicas y verificables.
El 55.8% permite mirar las nuevas siembras con esperanza, pero cada decisión debe cuidar a quienes pondrán su patrimonio en la tierra. Detrás de una parcela hay salarios, pagos pendientes y proyectos familiares. El verdadero avance será que esta recuperación permita producir con menos incertidumbre y conservar agua para cuando vuelva a hacer falta.
Esto fue Ruta Agrícola, donde cosechamos información.
