Reinventando la Política
La visita de Joseph Spiteri que parece que es pastoral, pero en el contexto social adquiere una potente lectura política y diplomática. Por tal, la visita del diplomático purpurado pareciera que es de corte evangelista, pero es netamente social y por tal política.
Por ello, hay que mirar a Spiteri, quien no es solamente el Nuncio Apostólico en México, es un diplomático de la Santa Sede con una trayectoria poco común: A 4 años de ser ordenado entró al servicio exterior de la Santa Sede, posteriormente, fue representante del Vaticano en Sri Lanka, Costa de Marfil y Líbano, tres países que, en distintos momentos, han enfrentado guerras, conflictos políticos, violencia interna o profundas crisis sociales.
Es por ello, que resulta inevitable preguntarse qué significa que un diplomático con ese currículum sea destinado precisamente a México y venga a Sinaloa, una entidad que lleva más de dos años viviendo una crisis de violencia que ha afectado a familias, comunidades, comerciantes, productores y autoridades.
La agenda del purpurado contempla encuentros con autoridades, empresarios y con madres buscadoras, entre otros grupos. ¿Acaso será para llevar un testimonio al Papa León XIV?
Aquí aparece una comparación histórica interesante: Harald Edelstam, el diplomático sueco conocido como “El Clavel Negro”, quien durante la Segunda Guerra Mundial y posteriormente en el golpe a Allende en Chile utilizó su posición diplomática para proteger perseguidos y facilitar su salida de situaciones de peligro.
Desde luego, que no tenemos elementos para afirmar que Spiteri sea un Edelstam del siglo XXI, ni que su misión en Sinaloa tenga un carácter semejante. Sería exagerado decirlo. Pero dicha comparación sirve para preguntarse: ¿Qué está observando el Vaticano cuando uno de sus diplomáticos con experiencia en sociedades atravesadas por conflictos violentos lo destinan a México y visita a Sinaloa?
Bajo ese contexto, entonces ¿a qué vino Spiteri a Sinaloa?
Quizá la clave no esté solamente en el mensaje religioso de paz, sino en la capacidad de escuchar, documentar y transmitir lo que ocurre en un territorio donde la violencia ya no puede leerse únicamente como un problema de seguridad pública.
Spiteri llega como hombre de Iglesia, pero también como diplomático. Y los diplomáticos, por definición, escuchan, observan y reportan. Tal vez por eso su visita merece ser leída más allá de las misas y los actos protocolarios. Y es qué, si hay un servicio diplomático efectivo en el mundo es el de la Santa Sede, mejor conocido como La Entidad.
Porque cuando el Vaticano manda a un diplomático acostumbrado a caminar por sociedades heridas, lo interesante no solamente es lo que viene a decir.
También… es lo que viene a escuchar… y a quien mirar.
Eso sí como diplomático es muy bueno dando misa.
