Es curioso que conforme más pasan los años, más complicado nos resulta ver hitos o “milestones” como se conoce en inglés, en el mundo de los deportes. Es cierto, de vez en cuando tenemos a algún equipo o atleta salir campeón por primera vez en su historia; pero ya resulta sumamente raro encontrar algún logro que impacte a todo un deporte y no solamente un segmento del mismo.

Este fin de semana pudimos ser testigos de uno de esos hitos que ya casi no se dan, y que sinceramente creemos que pasará muchísimo tiempo para que alguien pueda lograr batir dicho récord. En el mundo de las carreras, el Gran Premio de México fue testigo y padrino de uno de los pilotos más jóvenes de la parrilla de la Fórmula Uno: Kimi Antonelli, quien se alzó como campeón mundial de pilotos de la máxima categoría del automovilismo, siendo conductor de la escudería Mercedes, casa de varios multicampeones en su historia.

El pequeño italiano, quien apenas tiene dos temporadas en el “Gran Circo” y que apenas está destacando por sus pininos en el automovilismo profesional, logró sumarse a la lista de 35 (ahora 36) campeones de la Fórmula Uno, esto tras conseguir un tercer lugar en la carrera celebrada en el Autódromo Hermanos Rodríguez de la Ciudad de México.

Sin embargo, lo que más destaca de la actuación de Antonelli, además de su complicada hazaña que es ganar un Campeonato Mundial de Fórmula Uno, es que lo logró con 20 años y 68 días, lo que lo hace el campeón más joven en la historia del deporte. Superando pero por mucho a quien hasta el día de ayer ostentaba el récord, Sebastián Vettel, quien se alzó como campeón con Red Bull Racing en 2010 con 23 años y 134 días… una muy buena brecha.

Una conducción impecable y una especie de “inocencia” por así decirlo, se combinaron para que Antonelli se llevará el título, transportándonos a la esencia más pura del automovilismo, el manejar para divertirse, sin presiones mediáticas o contratos comerciales millonarios, vamos, sin el famoso “ruido” que menciona Brad Pitt en la película F1 del año pasado. Kimi se supo anteponer a todo ese ruido y distracciones para concentrarse única y exclusivamente en manejar su Mercedes y hacerlo a la perfección en cada una de las carreras donde se alzó como ganador.

Además, Italia sonríe el triunfo de su pequeño compatriota, quien es el primer oriundo de la bota en ser campeón desde 1953, cuando Alberto Ascari se consagró campeón mundial de la categoría. Pasaron 73 años para que los “tifosi” pudieran vitorear a un connacional como monarca absoluto del automovilismo. Y bueno, en general Italia ha pasado por vacas flacas en el mundo del deporte, por lo que celebrar el título del joven piloto de Mercedes es un gran bálsamo.

En el resto de la jornada mexicana, Max Verstappen consiguió ganar el Gran Premio con una actuación sumamente destacada durante todo el fin de semana, sumando su sexta victoria en el territorio azteca, casa de su íntimo amigo Sergio Pérez, quien por cierto, quedó en el nada meritorio lugar 16 de la prueba. Digo, su Cadillac va igual de rápido que un coche eléctrico moderno, entonces, poco que exigirle al mexicano este año.

Una gran noticia la que nos regaló la Fórmula Uno, en una sede que se entrega pero en serio al automovilismo, o bueno, también una sede que es imán de aficionados de ocasión y que solo van a la carrera por el “estatus” que te da ir al automovilismo.

Así las cosas.

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Aquí concluimos por hoy, les deseamos una excelente semana.

Hasta la próxima.