
Culiacán, Sin.- La mañana de este martes 13 de agosto un grupo de elementos del Ejército Mexicano salieron de las instalaciones de su base a bordo de varias unidades oficiales para iniciar los patrullajes de rutina en la zona rural de Culiacán, sin saber que el destino les aguardaba una tragedia horas más tarde, donde las supersticiones de los crédulos que consideran el día martes 13 de mal agüero se hicieran realidad.
Con apenas 22 años de edad y grandes sueños por delante para llegar a ser alguien dentro del Ejército Mexicano, Jesús Iván, como fue identificado el militar caído, servía a la Patria como soldado de Infantería en el 34 Batallón de Infantería con sede en la Novena Zona Militar, en el que según sus compañeros se desempeñaba con heroísmo y honestidad desde que llegó a esta unidad proveniente de su tierra natal Acapulco, Guerrero.
Apenas estaba por despedirse la mañana de este martes cuando los militares a bordo de varios humvees también conocidos como Hummer, de color verde olivo, con matrícula oficial de la Sedena, se trasladaban por un camino de terracería que conduce de la carretera pavimentada a Jesús María al poblado de La Palmita y fue al pasar por el medio del poblado de El Peñasco, a la altura de dos calles que forman una Y, donde el conductor del vehículo todoterreno del Ejército Mexicano en el que viajaba Jesús Iván perdió el control del volante.
Posteriormente la unidad dio varias vueltas hasta quedar en posición normal frente a un domicilio que se encuentra a un costado de la escuela primaria de dicha población y donde lamentablemente durante la volcadura Jesús Iván fue aplastado por el vehículo en el que viajaba al igual que varios de sus compañeros que iban en la parte trasera.



Luego del accidente los militares fueron auxiliados por sus compañeros y habitantes del pueblito, quienes rápidamente dieron aviso a las autoridades sobre lo sucedido e instantes después un helicóptero Blackhawk del Ejército Mexicano aterrizó en un descampado cercano al pueblo para trasladar a tres de los militares lesionados hasta el complejo habitacional militar de El Sauz, en la sindicatura de Costa Rica y al sur de Culiacán, donde desde ese lugar los heridos fueron trasladados por tierra a bordo de ambulancias al hospital del ISSSTE donde quedaron internados.
Lamentablemente el cuerpo del joven guerrerense con un futuro prometedor y grandes sueños quedó inerte en el suelo de la avenida principal en el poblado El Peñasco, que se encuentra entre las comunidades de Paredones y Los Mirasoles pertenecientes a la sindicatura de Jesús María y posteriormente su cuerpo fue cubierto con una sábana por sus compañeros, quienes acordonaron el área y restringieron el paso vehicular para evitar la contaminación de la escena donde ocurrió el percance.
Luego de poco más de 4 horas de haber ocurrido el lamentable accidente los trabajos del personal de servicios periciales de la Fiscalía General del Estado y del Ejército Mexicano culminaron, para luego retirar el cuerpo sin vida del joven de 22 años que fue trasladado al Servicio Médico Forense a bordo de una panel del Semefo donde se le realizarán las pruebas de ley y debido a los trabajos algunos de los vecinos tuvieron que dejar sus unidades a una distancia aproximada de 100 metros para ingresar a pie a sus domicilios.




Otros pobladores como Don Manuel, que llegó hasta el punto donde estaba el puesto de control de los militares que evitaban el paso vehicular para poder esperar el camión de pasajeros de ruta foránea que traía víveres por encargo a don Manuel, el cual tuvo que atravesar de regreso unas tierras de pastoreo cercadas con alambre de púas para poder llegar a su inmueble.
“¿Le tocó caminar don Manuel? -Así es, me tocó caminar. -¿Para dónde va? Aquí nomás a esperar el camión que me trae un mandadito. -¿Sabe lo que pasó en el pueblo? -Pues no. Dicen que se accidentaron los militares. A mí no me tocó ver nada”, con dificultad contesta el anciano, con una voz entrecortada que demuestra un claro problema de insuficiencia pulmonar a causa de la avanzada edad de 81 años con los que cuenta.
Luego de estar bajo la sombra de un árbol de ayale, don Manuel con sombrero en la cabeza, de cuerpo encorvado y enjutado, escucha a lo lejos el ruido del camión, y sin siquiera divisar la unidad del transporte de pasajeros, afirma que “ya viene la tranvía” y comienza a caminar para ganarle al tiempo hasta llegar unos metros adelante, donde instantes después la unidad del transporte colectivo se detiene y el conductor baja dos bolsas con mandado para don Manuel que se devuelve e intenta regresar por donde llegó pero le es imposible, los militares le dicen que no puede pasar.
Para evitar problemas, don Manuel opta por cruzar la puerta de un cerco de alambre de púas hacia unas tierras de pastoreo donde comienza a caminar de forma lenta hasta perderse entre el monte y llegar al caserío del pueblo por la parte trasera, mientras que otro señor de edad similar de nombre Esteban, baja del camión y es apoyado por los periodistas que le ayudan a cargar un poco de mandado que compró con la venta en el mercadito Rafael Buelna de calabazas regionales que él mismo siembra y cosecha en el pueblo de El Peñasco.









Como el paso para los periodistas estaba prohibido desde el punto de control de los militares, don Esteban tuvo que esperar a que su señora esposa saliera de su vivienda para ir a su encuentro y de esa forma acarrear entre los dos el mandado y las dos jabas vacías en las que llevaba las calabazas para su venta y al igual que estas personas, otros vecinos de la misma comunidad y vendedores que acudían a surtir las tiendas de la zona tuvieron que regresarse y buscar el acceso por otro camino, aunque otros definitivamente tuvieron que regresarse a Culiacán al ver que las diligencias de las autoridades iban a tardar horas en ser concluidas.










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