Culiacán, Sin.- La tarde de ayer sábado, las ráfagas de arma larga volvieron a retumbar en la zona nororiente de Culiacán, allá por el lado de la Rosario Uzárraga, como yendo para la zona de invasiones de Lomas Verdes, para donde “da vuelta el viento”, dicen los policías en tono de broma que acuden al llamado.
Al mismo tiempo, las redes sociales se adelantan a las noticias de los medios de comunicación, dando a conocer las primicias de lo que está sucediendo en aquellos lugares, pero de manera confusa y exagerada, con videos en los que aseguran que hay gente atrapada en el interior y donde algunos hasta mencionan fallecidos. Estas publicaciones se multiplican en cuestión de minutos, como mitote de farándula, similar al mensaje del teléfono descompuesto.
De manera simultánea a los estados de WhatsApp y alertas en Facebook que dan a conocer el suceso, el servicio de emergencias 911 recibe el llamado sobre el incendio de una vivienda que se localiza en la esquina de la calle Unidad y avenida Tenochtitlán de la colonia Lomas del Magisterio, por lo que elementos de las distintas corporaciones policiacas estatales y municipales, en compañía de personal de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno Federal y de la Secretaría de la Defensa Nacional se trasladan al sitio para atender el llamado.
Al mismo tiempo, personal de Cruz Roja Mexicana y del Cuerpo de Bomberos Culiacán se alistan en cuestión de segundos para salir de sus estaciones al lugar donde, presuntamente, hay gente atrapada y herida. Tras varios kilómetros de recorrer las calles de la capital sinaloense, llegan hasta la accidentada calle Tenochtitlan, donde desde antes de llegar a ese punto alcanzaban a ver la gran columna de humo negro que se elevaba por las colinas del sector de la Rosario Uzárraga.
En la escena, los bomberos, algunos de ellos con varios años de experiencia, como el caso de Santiago Cebreros, se enfrentan al gran monstruo de fuego, cuyas lenguas salen por un portón reventado minutos antes por un vehículo, así como por las ventanas de una segunda planta, aumentando al doble la temperatura de 40 grados centígrados de sensación térmica que se sienten en el sitio.
Los chorros de agua no se hacen esperar y salen de las mangueras de una y media pulgada. Esta acción parece provocar más la ira de lumbre que amenaza con liquidar a los “apagafuegos”, quienes tratan de ingresar a la casa de lujo de dos plantas. Su única protección es un chaquetón y un pantalón de material especial de color amarillo que evita las quemaduras, pero que encapsula las altas temperaturas que los hombres valientes apenas soportan en el interior. Ya adentro de la casa, pelean a ciegas, cara a cara contra la serpiente de fuego.
Aunque los bomberos están capacitados para asegurar, primeramente, su integridad y seguridad y luego la de los demás en un siniestro, la pasión, entrega y dedicación dejaron a un lado estas reglas para obedecer el instinto humano y amor hacia los demás, hasta el grado de arriesgar sus propias vidas para salvas a sus semejantes. No se rinden, luchan sin descansar hasta estar seguros de que no hay víctimas en el interior.
Durante una búsqueda primaria en ese doble incendio, uno de los bomberos más experimentado ingresó a la vivienda envuelta en llamas para buscar víctimas, logrando localizar a una mujer de entre 40 y 45 años de edad que estaba en estado inconsciente, por lo que dio aviso mediante el equipo de comunicación sobre la situación y rápidamente otro de sus compañeros llegó hasta el punto donde se encontraba la víctima para apoyar en el rescate. Cuando entre los dos sacaban a la fémina al exterior, un tercer rescatista se sumó a las tareas de auxilio y entre los tres pusieron a salvo a la dama, quien presentaba un cuadro de intoxicación con daños en las vías respiratorias, por lo que de inmediato fue trasladada a recibir atención médica a un hospital por paramédicos de Cruz Roja
Luego de sofocar las llamas, a Santiago Cebreros se le dio la comisión de buscar más víctimas en el interior de la residencia más chica mientras sus compañeros terminaban de apagar los rescoldos entre el espeso humo negro que invadía por completo la visión en el interior de la vivienda.
En un rincón del recibidor de la casa, Santiago, con 6 años de experiencia en el Cuerpo de Bomberos Culiacán, encontró a diez cachorros de color negro y café, cuya edad no pasa del mes de nacidos, los cuales se aferraban entre unos a otros buscando la presencia de su madre, pero esta ya había huido de la lumbre antes de que llegaran los rescatistas.
- Perritos rescatados tras incendio en una casa en Culiacán
- Perritos rescatados tras incendio en una casa en Culiacán
- Perritos rescatados tras incendio en una casa en Culiacán
- Casa incendiada en Culiacán
- Casa incendiada en Culiacán
- Casa incendiada en Culiacán
- Casa incendiada en Culiacán
Apoyado con una estructura hecha con manta blanca y estucos de madera, Santiago echó a los perritos sobre ella y rápidamente los sacó a la calle para darles de beber agua fresca, bañarlos y revisar que ninguno tuviera quemaduras en su cuerpo. Una vez que se aseguró de que los cachorros estaban ilesos, buscó a una de las vecinas para que se hiciera cargo de ellos en lo que llegaban sus propietarios, pues los animalitos no podían regresar al sitio donde casi perdían la vida.
“Yo entré y comencé a buscar en el interior. Los encontré en la sala, los eché a una base que estaba adentro y los saqué. Es la tercera vez que me toca rescatar cachorros. Ya en dos ocasiones anteriores me tocó salvar a otros perritos. Yo pienso que tienen los mismos derechos que un ser humano. Tienen vida, sienten y son indefensos. Ellos no se saben defender de nadie, por eso es que merecen vivir” señaló Santiago mientras se le cuestiona lo que representó para él rescatar a los diez perritos.
La tarde de ayer sábado, los elementos del Cuerpo de Bomberos de Culiacán se volvieron a enfrentar a un monstruo gigante con el que han aprendido a convivir en el día a día de su trabajo: el fuego. Sin miedo a perder sus vidas, llegaron a salvar a una persona y terminaron por rescatar a diez pequeños seres vivientes, los cuales, ajenos a todo el pleito que se vive entre las dos facciones del Cártel de Sinaloa, ayer estuvieron a punto de perder sus vidas tras el ataque a balazos a dos residencias y la quema de ambas, pero la rápida acción de los bomberos y el corazón de cada uno de ellos logró salvar a una mujer y diez cachorros que, seguramente, cuando sean adultos darán sus vidas por sus amos sin esperar nada a cambio.
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