Lesionan a balazos a un hombre en calles de la colonia Domingo Rubí de Culiacán, Sinaloa

Culiacán, Sinaloa.- La tarde de este sábado 21 de febrero, Patricia descansaba en el interior de su domicilio. Estaba a punto de darles de comer a sus hijos cuando un estruendo como de sonido de carteras cayendo al piso y cuetes estallando mezclado con la caída de vidrios reventados, le hicieron tomar a sus hijos y tirarlos al piso “pecho a tierra” para cubrirlos de lo que ella pensó, se trataba de un ataque a balazos directo contra su casa.

El olor a polvo de concreto y ladrillo molido se mezclaron con el exquisito aroma de la comida en el interior de la modesta casa, donde poco a poco la nube de polvo emblanquecido se fue desvaneciendo para revelar los daños ocasionados por los proyectiles de plomo y cobre que atravesaron una ventana que se encuentra justo a un costado de la recámara principal y donde segundos antes los niños de Patricia se encontraban viendo la tele.

En el sitio tras la balacera todo era confusión, la joven mujer solamente atinó a llamar a una de sus hermanas para informarle que su casa había sido tiroteada, pero que ella y sus dos hijos se encontraban bien, pero que fuera rápido a auxiliarla porque no sabía qué hacer e instantes después familiares de Patricia llegaron al sitio para apoyarla. La zona ya estaba llena de militares que custodiaban el sitio para no dejar entrar y dejar salir a ningún vehículo y entonces pensaron lo peor.

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Cuando su familia se hizo presente, la mujer se armó de valor y salió confundida para saber qué es lo que sucedía. Fue en ese momento que se percató que el ataque no fue directo contra ellos, pero que uno de los proyectiles atravesó la ventana corrediza de cancelería de aluminio y vidrios polarizados, el cual después se incrustó en una cómoda que tiene en el cuarto, mientras que sobre la cama quedaron los fragmentos de vidrio como huellas de la fuerte balacera que acaba de ocurrir.

Al salir al exterior observó que la fachada de su casa tenía alrededor de tres balazos, uno de ellos atravesó la ventana, el segundo se incrustó a un costado de la puerta principal, mientras que el tercero pegó a un lado de una de las ventanas de la sala, mientras que sobre la pared que delimita el terreno de ella y del vecino había decenas de impactos de arma larga que se apreciaban sobre el ladrillo y en unas carteras viejas que sirven como cerco al frente y a uno de los costados y las cuales fueron atravesadas.

Oiga, de milagro no estaban mis hijos allí. Se acababan de quitar, si no imagínense, Dios guarde. Escuchamos el estruendo y los balazos, pero pensé que eran cuetes. Nunca me imaginé que fueran balazos, hasta cuando atravesaron la ventana supe que eran balazos y pensé que nos estaban balaceando la casa”, señaló la afectada.

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Otro vecino señaló que él estaba en el patio y alcanzó a escuchar el silbido de los proyectiles que pasaron por el aire cerca de él.

Al salir de su vivienda observó muchos militares sobre la calle y varios casquillos para “cuerno de chivo” tirados en la entrada de su domicilio, los cuales fueron señalados con vasos desechables transparentes por los soldados y al fondo, a aproximadamente unos 50 metros yacía el cuerpo sin vida de un jovencito que fue cubierto con una manta de color azul por paramédicos de Cruz Roja que llegaron al sitio minutos después del tiroteo para tratar de auxiliar.

Allí frente a una estética en la esquina de la calle Lucio Blanco, la misma calle donde se encuentra la vivienda de Patricia, pero en la esquina de la avenida Juan de la Cabada los vecinos y curiosos que pasaban por el sitio observaron el cuerpo inerte y tirado boca arriba de un jovencito, que al juicio de ellos, no rebasaba la mayoría de edad.

Instantes después se supo que ese era el cadáver de Mauricio, de quien algunos de los familiares señalaron tenía 15 años, otros que iba a cumplir 16 y algunos que tenía los 17, pero que al final de cuentas se trataba de un adolescente que apenas empezaba a vivir la vida.

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Allí, sobre la polvorienta calle de terracería Lucio Blanco, entre las piedras de la descuidada vialidad, la que posiblemente tenga más de un año que no pasa una máquina para darle mantenimiento, yacía el cuerpo del adolescente vecino de la colonia Las Coloradas, que apenas minutos antes por esa misma calle tripulaba una motocicleta de la marca Italika ft 125, color negro de trabajo, cuando fue sorprendido por un grupo armado que supuestamente viajaba en un automóvil de la marca Toyota Corolla, color gris, con vidrios polarizados.

Los vecinos señalaron que al momento del ataque los gatilleros comenzaron a disparar contra el joven con ráfagas de arma larga “cuerno de chivo” desde el interior de la unidad para privarlo de la vida, en la esquina del arroyo que atraviesa la colonia y la calle Lucio Blanco, en la misma zona donde en meses anteriores y dentro de la actual guerra que libran las dos facciones del Cártel de Sinaloa, han asesinado a varias personas de manera similar al homicidio de esta tarde.

Los testimonios señalan que en un intento por salvar su vida, el joven motociclista aceleró la marcha de la unidad dos ruedas para avanzar algunos metros y trató de escudarse con una camioneta tipo suv color blanco descompuesta que estaba estacionada en dicha calle, pero fue herido de muerte por los disparos de los fusiles de asalto que portaban los sicarios frente la vivienda que fue tiroteada durante la balacera.

Aún con vida, pero herido de gravedad, Mauricio alcanzó a conducir su moto por casi una cuadra completa hasta llegar a la avenida Juan de la Cabada, donde se desvaneció y cayó de la Italika sin vida al suelo, mientras que la moto quedó tirada a un costado del cadáver y tras cometer el crimen, los responsables huyeron del sitio a toda velocidad por la calle Lucio Blanco hacia el arroyo, para donde se mete el sol, luego pasaron el puente que separa las colonias Amistad y 5 de Febrero para avanzar tres calles y dar vuelta a la izquierda, donde cayeron directo con un grupo de elementos del Ejército Mexicano que se dirigía a atender las detonaciones de arma de fuego que ellos alcanzaron a escuchar.

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En ese lugar, los militares aseguraron a los presuntos gatilleros junto con el vehículo Toyota Corola gris, en el que presuntamente se aseguraron armas largas y cortas, así como equipo táctico, cargadores y municiones, por lo que de inmediato fueron puestos ante las autoridades correspondientes junto con la unidad decomisada, pero hasta el momento no se ha dado a conocer la cantidad exacta de los detenidos y lo que les fue asegurado.

Cuando las autoridades se encontraban realizando el acordonamiento del área donde ocurrió el tiroteo, la ama de casa afectada por los balazos en su domicilio, alcanzó a observar al joven sin vida, al cual identificó como el mismo jovencito que minutos antes de la balacera estaba parado a unos metros de su vivienda a bordo de la moto negra, sin saber el motivo de su estadía en el sitio.

En la zona de la balacera que abarcó varias calles debido a la persecución del motociclista y la captura de los presuntos responsables, al menos dos helicópteros del Ejército Mexicano estuvieron sobrevolando a baja altura en busca de más responsables, mientras que en la calle donde ocurrió el tiroteo quedó atravesada una camioneta Dodge Chrysler Caravan modelo viejo color blanco, cuyo conductor al quedar en medio de la balacera, optó por dejarla abandonada y después regresó por ella. A unos metros de la misma, quedaron dos huaraches de hule negro que también fueron abandonados por su propietario o propietaria, que corrió en busca de refugio para protegerte de las balas.

Minutos después los reclamos de los familiares del joven asesinado se escuchaban en la zona del homicidio, amenazantes contra los elementos de las fuerzas armadas que según los dolientes los militares se estaban riendo en el lugar de la escena del crimen.

Más tarde, una mujer de edad avanzada vestida de negro llegaba al sitio a paso apresurado mientras era tomada de los brazos como apoyo por dos mujeres más. Era la mamá del adolescente ejecutado. Ella solo alcanzó a ver cómo el personal de Servicios Periciales levantaba a su hijo del polvo de la tierra para colocarlo dentro de la bolsa blanca mortuoria que fue sellada. Luego, el cuerpo fue subido a una panel de una casa funeraria local para emprender el viaje sin retorno, mientras se perdía de vista por las polvorientas calles del sector.

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