También lee: Natanael se impactó contra un árbol sobre el bulevar Payán, en Guasave, Sinaloa
Guasave, Sinaloa.- El trágico accidente ocurrido durante la madrugada de este domingo 1 de febrero del 2026 cobró la vida del profesor Píndaro, quien cayó al interior del socavón ubicado sobre la calle Juan Carrasco, en la colonia Centro de Guasave, Sinaloa.
Aunque fue auxiliado y trasladado de inmediato a un hospital, las severas lesiones que sufrió resultaron irreversibles, provocando su fallecimiento horas después de ser ingresado para recibir atención médica especializada.
La noticia generó una fuerte conmoción entre la ciudadanía, particularmente en la comunidad académica del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR) Unidad Sinaloa, del Instituto Politécnico Nacional (IPN), institución en la que el profesor desarrolló gran parte de su trayectoria.
Nota del hecho: Píndaro termina al fondo del socavón en la calle Juan Carrasco, en Guasave, Sinaloa
Compañeros docentes, estudiantes y personal administrativo expresaron su profunda tristeza ante la inesperada pérdida.
¿De quién se trataba?
El profesor Píndaro Álvarez Ruíz era ampliamente reconocido por su profesionalismo, su vocación de servicio y su compromiso con la educación y la investigación. Durante años formó parte del CIIDIR Sinaloa, donde impartía clases y colaboraba en proyectos de formación científica y desarrollo regional. Su partida deja un vacío significativo entre quienes compartieron con él aulas, proyectos y experiencias académicas.
Lee más: Encuentran asesinado a un hombre en la colonia Chulavista de Navolato, Sinaloa
La institución emitió un mensaje a través de redes sociales en el que manifestó su consternación y lamentó profundamente el hecho. En el comunicado se destacó su calidad humana, su dedicación a la docencia y el impacto positivo que dejó entre generaciones de alumnos que tuvieron la oportunidad de aprender con él.
¿Esto se pudo prevenir?
El socavón donde ocurrió el accidente había sido señalado como un peligro latente desde hacía casi seis meses. A pesar de las advertencias de vecinos y usuarios de la vialidad, nunca se implementaron cierres formales ni barreras de contención adecuadas. Solo se colocaron cintas de precaución y conos naranjas, medidas insuficientes que, con el paso del tiempo, se volvieron prácticamente invisibles durante las noches.
La falta de intervención oportuna permitió que el hundimiento se convirtiera en una verdadera caverna subterránea, una trampa que finalmente cobró la vida del profesor Píndaro.
Este lamentable suceso podría convertirse en un punto de inflexión para que autoridades municipales y estatales aceleren los trabajos de reparación y tomen medidas más estrictas para evitar que una situación similar vuelva a repetirse.
