
Culiacán, Sin.- La tragedia que se vive en cada hogar sinaloense como resultado de COVID-19, cuyo virus le ha arrebatado la vida a miles de personas, enluta y va dejando tristeza y un terrible dolor a su paso, el cual se repite diariamente en cada familia.
Muchas de las historias de dolor y sufrimiento por la pérdida de un ser querido a causa de la pandemia actual, se tejen cada día, tal fue el caso de la familia de don Efraín Medina Reyes de 50 años, quien perdió la batalla contra el virus.
Estaba ahí, cazando la noticia y documentando esta terrible pandemia con el lente de mi cámara fotográfica, cuando los integrantes de familia al conocer la noticia rompieron en llanto en aquel silencio que cala, que quema el alma al saber que ya nunca más se podrá ver, abrazar, ni tener con bien a su ser amado que hoy dejó de existir.
Unas manos que se llevan al rostro con un pañuelo rosa como intermediario, cómplice de tal suplicio, testigo mudo del dolor. “Era él mi niño, era el pequeño de la casa”, se oye. Una hermana y una madre saben el dolor de perder a su amigo, a su compañero de la infancia y de la adultez.
Poco antes de las 9 de la mañana del pasado viernes 14 de enero de 2022, Efraín Medina Reyes de 50 años, originario de Las Trancas, Navolato, perdió la batalla contra el COVID-19. Ese virus que dicen que ya no es tan letal, que no daña los pulmones, que es “como gripa”.
Su hermana lloraba desconsolada mientras bajaba las escaleras, acompañada, guiada para no perderse, para no caerse o quizás solo para mantenerse de pie, cubriéndose el rostro tratando de enmudecer el llanto que la ahogaba por el dolor que sentía. Logró sentarse, fue como desvanecerse y abrir su corazón, gritar y llorar al viento indiferente, ante las personas que pasaban a su lado.
Solo una persona que pasaba, con una niña en una silla de ruedas detuvo su andar y tomó su brazo derecho y acarició su cabeza con su mano izquierda dando un consuelo al alma que no encuentra regocijo ante tal sufrimiento.
Familiares trataban de darle consuelo, imploraban que no la dejaran sola, porque la veían muy dolida, pero conscientes de los trámites y más trámites que se tienen que hacer para poder que les entreguen el cuerpo y poder así darle el último adiós, tratan de contener el dolor y pasar por ese trance.
A las 2:13 de la tarde, la hermana de Efraín sale del brazo de su acompañante, llevándose las manos a la cabeza, inconsolable, pasos lentos, cortos y pausados como negándose a ver a su hermano salir. No fue como esperaban, el deseo siempre es ver salir a los nuestros seres amados restablecidos y dar gracias por el milagro concedido.
Y mientras esa persona yace en su descanso eterno, para los que se quedan en el mundo terrenal, queda ese hueco, ese dolor, el sufrimiento de la perdida, pero también quedan los recuerdos, las experiencias vividas, el amor y las risas que se compartieron con ese ser amado con el que nunca volverán a estar, pero sin lugar a dudas será una luz que los guiará y dará fuerza hasta que el creador decida que ha concluido su misión en la Tierra.
Por todos quienes han fallecido durante esta pandemia, Descansen en Paz.








