Los Bomberos trabajaron por más de 24 horas para sofocar las llamas en el Piggy Back. Fotos: Ernesto Martínez

Culiacán, Sin.- La bruma de la neblina matutina aplasta el espeso humo blanco que ahoga hasta el último rincón de los pulmones de quien lo respira. Las lágrimas brotan de los ojos y escurren por las mejillas por el enchiloso vapor que emerge de entre la tierra, cual si fueran las entrañas de un volcán en activo.

En el fondo, la silueta de María Luisa da señales de vida. Sus movimientos encorvados en busca de algo útil para vender confirman la vida de un ser humano.

Poco a poco los rayos matutinos comienzan a invadir el ambiente para dar paso a una especie de luz de día conocida como resolana, que lastima la vista al mezclarse con la blancura del humaderón asfixiante que se levanta en la zona y al mismo tiempo comienzan a aparecer más figuras humanas que conforman un pequeño ejército de hombres mal llamados “pepenadores” por la sociedad.

No dicen nada, caminan de un lado a otro como por inercia, buscando un pedazo de alambre, un bote de aluminio achicharrado, un puño de hebras metálicas de los neumáticos calcinados o algo que les sea útil para vender en un depósito de compra de fierro viejo ubicado no muy lejos del lugar.

A pesar de que estas personas son estigmatizadas por las “personas de bien”, son seres humanos con corazón, sentimientos y los mismos derechos que cualquier ciudadano dice don Efrén, un velador de una yarda cercana que se acerca a ver las labores de los elementos del Cuerpo de Bomberos Culiacán y Veteranos que ya llevan más de 24 horas trabajando en el sitio para sofocar las llamas de las fosas que son utilizadas como basureros clandestinos desde hace décadas.

“Pobrecitos, oiga. Bueno, uno no debe decirles pobres porque son seres humanos igual que uno, con los mismos derechos, sentimientos y corazón, sólo que a ellos se les ha relegado, se les ha apartado de la sociedad y pues a lo mejor es por la misma situación en la que se encuentran verdad. Ellos necesitan atención de parte de las autoridades, la autoridad tiene la obligación de atenderlos, llevarlos a un centro de rehabilitación si tienen problemas de drogas, a un hospital si tienen problemas psiquiátricos o ayudarles con una vivienda, pero no, aquí los dejan abandonados a su suerte, oiga”, señala el hombre de aproximadamente 60 años de edad.

Mientras la plática continúa, Jorge Luis arrastra una gran bolsa elaborada con pedazos de costal donde guarda plástico, metales y alambres. Camina con unos viejos tenis de tela rotos sorteando las puyas de los vidrios de botellas quebradas que abundan en el lugar, pero mientras avanza no despega su vista del suelo aprovechando cualquier objeto en el trayecto para levantarlo y meterlo a la gran bolsa.

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De manera paralela otro grupo de hombres vestidos de azul marino y con pantalón amarillo y botas negras luchan por sofocar las llamas que literalmente ahogan a los vecinos del sector sur de la ciudad.

A unos metros del escuadrón que trabaja con chorros de agua con cuatro líneas de una y media pulgadas, Roberto Castañeda dirige y organiza la estrategia de ataque del peor incendio registrado en las fosas que una vez sirvieron para extraer piedras y tierra durante la construcción de la Autopista Benito Juárez en la década de los 80.

Algunos dicen que el incendio fue provocado de manera intencional por los mismos recolectores de material reciclable, aunque otros como el comandante del Cuerpo de Bomberos Culiacán, Efraín Araujo, cree que pudo haber sido de manera accidental y el fuego se le salió de control a estas personas cuando se encontraban quemando el material para sacar el cobre y el metal de los objetos que recolectan con el fin de sacar ingresos para llevar a sus familias.

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“No creo que ellos hayan actuado de esa manera (intencional), porque ellos mismos también se ven afectados. Varias cosas construidas aquí mismo donde duermen se quemaron y otras más estuvieron a punto de quemarse por completo. Al igual que sus pertenencias y hasta una camioneta que hasta ahorita se desconoce si en este incendio o en otro anterior”, señaló.

Mientras platica moviliza a los apagafuegos para que pongan a trabajar el camión escala, ese que trae un cañón para lanzar agua de lejos para alcanzar distancias que no son posibles con las líneas normales con el único objetivo de sofocar el incendio en este basurero clandestino que ya ha sido clausurado en varias ocasiones por las autoridades, a causa de la poca o casi nada de vigilancia en el sitio se siguen arrojando desechos desconocidos que no son permitidos arrojar en los basureros autorizados como el de la Loma de Rodriguera y el del ejido El Huizache.

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