
Guasave, Sin.- El tiempo pasa, pero el dolor de perder a un hijo nunca se va, comparte María Elena, madre de Guadalupe Báez, ese angelito que hace 18 años lo tuvo que entregar a Dios, quien solo le permitió tenerlo por 23 días.
Era su primer embarazo, tenía seis meses de gestación cuando las cosas se complicaron, le dio preeclampsia y su vida al igual que la de Guadalupe, estuvieron en riesgo. Finalmente, ella se salvó, pero su pequeño nació prematuro, fue un luchador, pero aún así, había muchas condiciones adversas, los médicos le pidieron que lo entregara a Dios y eso ha sido lo más duro en su vida.
“En el momento en el que los médicos a mí me mandaron a hablar y me dijeron: sabes qué, no, ya no se puede, yo hablé con el niño y le dije: “Sabes que papi, si ya no puedes, adelante, pero ya no te quiero ver sufrir, le dije, era mi primer hijo, tenía 25 años cuando yo lo tuve a él “.

Con devoción, le pidió a la Virgen de Guadalupe que se lo salvara, pero al final, dos horas después de que el sacerdote lo bautizó, en honor a la morenita del Tepeyac, Guadalupe murió.
Guadalupe, siempre permaneció hospitalizado, hasta que el doctor dijo, “ya, hasta aquí”, ella y su esposo trabajan en Culiacán, pero previendo que tal vez en algún momento regresen a su tierra y para no dejarlo solito, se lo trajo a Guasave.
Cada vez que vienen a Guasave, la visita al panteón es obligada, pero en día de Los Angelitos, es completo para él, ahí les oscurece junto a su bebé.
En ocasiones, su hijo de 15 años, ha sido testigo de como de la nada llora por el dolor, y es que la herida nunca se cura.
Tiene compañeras de trabajo que han pasado por situaciones similares y su consejo es, tiempo, no para superar, pero para aprender a vivir con el dolor.
