Culiacán, Sin.- Por María Luisa y la niña semienterrada en Juan José Ríos ya no se puede hacer nada,  pero en su memoria, sí se puede apoyar a todas aquellas personas que viven en campos indígenas y que atraviesan situaciones de desigualdad económica, social y problemas de salud mental que terminan en tragedia, externó la diputada sin partido, Deysi Ayala Valenzuela.

Comentó que desde que se señaló a María Luisa como la posible responsable de asesinar a su hija, se violaron sus derechos pues no hubo condiciones para que llevara una defensa efectiva por hablar una lengua indígena y que no se le proporcionó traductor.

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“Lamentablemente María Luisa y su hija ya no están aquí, pero hay muchas Marías Luisas con hijas e hijos en las comunidades indígenas, en las comunidades campesinas, en las comunidades rurales hoy en día que sus derechos humanos son vulnerados, violentados y hay muchas personas en las comunidades indígenas que no van a tener acceso a la salud mental y que están pasando por estas situaciones y eso realmente es un problema”, aseveró.

La diputada Elizabeth Chía Galaviz manifestó que desde que inició el caso no se le respetaron sus derechos humanos y también se ha señalado que la investigación no se hizo con perspectiva de género, por lo que exhortó a las autoridades a siempre investigar con seriedad y tener profesionalismo en sus declaraciones, especialmente en lo que se refiere a las causas de su muerte.

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“Exhorto a las autoridades que se investigue de manera seria y profesional la muerte de María Luisa, que no sea un asunto más que quede en la impunidad y que no se descarten otras líneas de investigación y se castigue a los presuntos responsables en caso de existir”, sostuvo.

Juana Minerva Vázquez González, diputada de Morena, fue quien presentó este posicionamiento al que se sumaron sus compañeras y lamentó que tanto María Luisa como su pequeña hija fueron víctimas de la pobreza, hambre, desesperación y falta de oportunidades, lo que las llevó a perder la vida a raíz del daño colateral que provocó el hueco en el estómago de sentir hambre a pesar de trabajar largas jornadas que terminaban siendo explotación.

Reveló que, según personas cercanas a ella, la joven de solo 27 años de edad estaba arrepentida de haberle quitado la vida a su hija, se encontraba en un cuadro de depresión, no comía, no dormía y se golpeaba por las noches en su celda, donde según las autoridades, terminó quitándose la vida.

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