
Culiacán, Sin.- Un centenar de coronas, con miles de rosas rojas y blancas, adornan la vieja Casa Rosalina resaltando sus arcos coloniales y barandal de acero forjado.
Son las 10:30 horas y sol cae como plomo fundido, provocando que el termómetro marque 35 grados de temperatura ambiente, pero las decenas presentes no se mueven, se disputan las frondosas sombras de los neem de la Plazuela Rosales, nadie quiere perderse de la despedida.
Un hombre de pelo cano y andar lento se desplaza, viste de blanco y negro, su rostro serio y adusto, se niega a atender a prensa, mientras extiende la mano para saludar a un exalumno, es Víctor Antonio Corrales Burgueño, compañero, amigo y quien sucedió en la rectoría a Héctor Melesio Cuén Ojeda, un ya lejano 7 de junio de 2009, pero que desde antes le acompañó en diferentes proyectos y aventuras.
El reloj marca las 11:15 horas y se escucha un murmullo, por la avenida Donato Guerra, se aproxima la carroza de la funeraria que trae consigo los restos mortales del exrector; Corrales Burgueño y Arnoldo Valle se aprestan y son de los primeros en cargar el féretro para, en peso, subirlo por la escalinata cientos de veces recorrida y caminar al interior, al recinto tan conocido.
Son las 11:17 horas cuando inicia el homenaje con una guardia de honor, encabezada por el encargado del despacho de rectoría, Robespierre Lizárraga, considerado como uno de los más cercanos personajes al maestro Cuén y quien le acompañó desde 1997, cuando este fue director de Bienes e Inventarios de la Universidad.
Fue el único orador en la ceremonia, hizo remembranzas y narró anécdotas breves, de cómo se fue consolidando un proyecto, hasta verlo convertirse en un nuevo modelo de educación superior y hoy le daba las gracias y comprometía continuar con su causa.
La ceremonia concluye a las 11:00 de la mañana con 37 minutos, se forma el último cortejo para acompañar el féretro a la salida siendo las 11:00 de la mañana con 40 minutos, cuando sale por última vez de la vieja Casa Rosalina y a las 11:00 de la mañana con 44 minutos, se le despide soltando decenas de globos blancos, mientras el grito de Justicia… Justicia, resuena seguido de la frase que caracterizó al exrector en cada una de sus campañas: ¡¡¡Claro que se puede!!!
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