
Guasave, Sin.- El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición que puede cambiar la vida de cualquier padre o madre. Ese fue el caso de Ana María, quien expresa que sentía ser ella y su bebé contra el mundo cuando recién le fue diagnosticado. Cuando su hijo tenía apenas dos o tres meses, ya notaba algo diferente en él.
Diez años después, lo que pensaba que condicionaría el resto de su vida se ha convertido en algo más natural. Gracias al apoyo del grupo de madres que ha integrado a lo largo del tiempo (a quienes conoció en charlas, cursos y conferencias) ha logrado comprender mejor a su hijo y acompañarlo en su desarrollo.
Incluso llegó a declarar que ni siquiera su esposo la entendía en su sentir, pues él estuvo negado durante años a aceptar que su hijo fuera autista. Aún más doloroso fue el caso de su madre, la abuela del pequeño, quien falleció sin aceptar el diagnóstico.
“Porque mi esposo decía: ‘Ay, es que estás exagerando, el niño no tiene nada’. Mi mamá, igual. Mi mamá ya se me fue, pero ella nunca aceptó que mi hijo tenía nada. Entonces, pues era yo sola con mi niño, contra el mundo”.
Esta idea cambió cuando comprendió que su hijo tendría esta condición el resto de su vida, pero que aun así podía llevar una vida normal, según le explicaron los especialistas. Pasó del miedo a la motivación para apoyarlo al máximo.
Hoy su hijo tiene diez años y ha experimentado un cambio inmenso en su comportamiento. Al inicio no hablaba, no se comunicaba de ninguna manera, no comía cosas calientes ni dulces, y vomitaba la fruta. Hoy en día, todo eso ha cambiado gracias a años de atención especializada.
Actualmente, el único inconveniente que enfrentan es que el niño está entrando en la pre pubertad y presenta cierto retroceso. Sin embargo, ya le aseguraron que enfocarlo en actividades físicas y artísticas puede ayudar a revertir y prevenir estos episodios.


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