Mazatlán, Sin.- La madrugada del viernes 5 de septiembre de 2025, el periodista sinaloense Martín Arellano Solorio falleció en el Hospital General de Zona No. 3 del IMSS en Mazatlán tras sufrir un infarto.
La agonía que vivió fue documentada por él mismo en redes sociales desde un pasillo, donde solicitó atención médica urgente, esto motivó la indignación nacional por una presunta negligencia institucional.
El jueves 4 de septiembre, alrededor de las 12:34 pm, Arellano compartió en su cuenta de X:
‘Necesito ayuda probable infarto y no hay aplicación código infarto, ni puedo moverme’, etiquetando al director general del IMSS y a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo.
Horas después, publicó desde una ambulancia de Cruz Roja:
‘En la Cruz Roja. IMSS no sirve en estos casos’.
Y más tarde…
‘Me han trasladado de urgencia al hospital de zona y mi camilla hace fila en un pasillo. Con calidad de urgente’.
A pesar de estos llamados, el periodista pasó horas aguardando atención, relatando su situación pública, mientras su vida pendía de un hilo.
Finalmente, perdió la batalla contra el infarto, luego de permanecer en la sala de urgencias sin recibir atención oportuna.
IMSS responde y suscita críticas
Ante la conmoción generada, el IMSS emitió un comunicado en el que asegura que sí se activó el protocolo ‘Código Infarto’, y que Martín Arellano recibió atención médica especializada desde el primer momento, sin embargo, la cronología registrada por Arellano y su desesperado llamado público, ha puesto en entredicho la capacidad de respuesta de la institución, generando cuestionamientos sobre la posible ineficacia en la atención a emergencias críticas.
Un legado periodístico y una tragedia anunciada
Martín Arellano Solorio, con más de 20 años de trayectoria, fue un cronista independiente conocido por su labor crítica y su defensa de la verdad.
Con estudios en Comunicación por la UNAM, colaboró con medios como Tuister y Los Ángeles Press y destacó, entre otras causas, por denunciar plagios periodísticos como el caso Isabella Miranda de Wallace.
Hoy su muerte, registrada en redes en tiempo real, no solo es un golpe doloroso para el gremio periodístico, sino una alarma nacional, la delgada línea entre la vida y la muerte que se cruza con la eficacia de los protocolos médicos institucionales.
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