Mazatlán, Sinaloa.- A las cuatro de la tarde, el Monumento al Venadito, en la glorieta entre Avenida de los Deportes y Kilómetro 0, comenzó a llenarse de pañuelos morados, carteles hechos a mano y tambores improvisados. Decenas de mujeres mazatlecas se reunieron ahí con una misma intención: sumar su voz a la de miles de mujeres en todo el mundo que este 8 de marzo exigen justicia, memoria y un alto a la violencia.

La movilización avanzó lentamente entre consignas, cartulinas y pancartas que hablaban de rabia, de duelo, pero también de resistencia. En ellas podían leerse frases como “Yo siempre le voy a creer a mis alumnas”, “Juntas, libres y sin miedo” y otras que señalaban directamente la violencia que enfrentan las mujeres en México.

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¿Qué historias caminaban dentro del contingente?

Uno de los bloques más duros del recorrido fue el dedicado a las madres rastreadoras, colectivos de búsqueda y familiares de personas desaparecidas, quienes marcharon recordando a quienes siguen siendo buscados.

En varias pancartas aparecían nombres que representan ausencias todavía abiertas: María Cecilia Berrelleza Flores, William Misael Ibarra López, Ramón Nieto Peinado, Óscar Aguilar y Juan Carlos Delgado Quevedo, entre otros.

También hubo espacio para la memoria reciente. Durante la marcha se rindió homenaje a Rubí Patricia, madre rastreadora asesinada el pasado 27 de febrero, cuyo nombre volvió a escucharse entre consignas y aplausos.

“Abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer. Arriba el feminismo que va a vencer, que va a vencer. No estamos todas, nos falta Rubí”, decían las consignas.

“La seguridad, protestar porque pienso en mi hija, pienso en mis hermanas y pues en todas las mujeres que necesitamos ese apoyo”, dijo una de las participantes.

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¿Cómo se vivió la marcha por el 8M en Mazatlán?

El contingente recorrió 4.2 kilómetros, avanzando por la avenida Ejército Mexicano, una de las arterias más importantes de la ciudad, hasta llegar a la Plazuela República, en el corazón del puerto.

A medida que la marcha avanzaba, el sonido de los tambores improvisados hechos con botes de plástico y palos de madera se mezclaba con las consignas que resonaban a lo largo de la Avenida Ejército Mexicano.

“Son totalmente necesarias porque no estamos a salvo. Es muy difícil salir al día a día de tu casa y pensar que tal vez sea la última vez que puedas volver. Creo que lo hacemos de forma pacífica, respetuosa y creo que tal vez de esa forma puedan poner un poco más de atención a nuestros derechos”, agregó.

En algunos tramos, el paso del contingente dejaba un silencio extraño, casi solemne. Como si el luto por las mujeres desaparecidas, asesinadas o silenciadas caminara detrás de ellas al final de la marcha.

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Entre jóvenes, madres, niñas, estudiantes, profesionistas y activistas, la marcha fue creciendo hasta convertirse en una sola columna de voces que se movía por la ciudad.

Al caer la tarde, las mujeres llegaron al centro de Mazatlán con un mismo mensaje que se repite cada año, pero que aún exige respuestas: memoria para quienes ya no están, justicia para quienes la siguen buscando y un futuro en el que caminar por las calles no sea un acto de valentía.

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