Mazatlán, Sinaloa.- Han pasado 30 años, pero para María Estela Cruz Lizárraga, sobreviviente de una de las tragedias más profundas de Mazatlán, aquella noche sigue detenida en el tiempo.
Cada 31 de mayo regresa a las vías, al ruido, al dolor y a los nombres que nunca dejó de pronunciar: Óscar Mauricio y Yuniria García Cruz, sus dos hijos mayores, quienes murieron en el trenazo ocurrido la noche del 31 de mayo de 1996, una tragedia que cobró la vida de 34 personas y quedó grabada para siempre en la memoria colectiva de Mazatlán.
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María Estela sí volvió a su casa, pero nunca volvió completa
Aquella tarde había salido de trabajar a las 3 de la tarde y pasó por sus tres hijos a casa de su madre. Por la noche, los cuatro abordaron el camión de la ruta Jabalíes que los llevaría de regreso a casa. En el trayecto, tuvo dos oportunidades para descender y hacer algunas compras pendientes, pero decidió continuar.
Tuve muchas oportunidades, yo creo Dios me avisaba que tenía que bajarme, pero uno no sabe acatar esas señales. No me bajé. En dos ocasiones no me bajé del camión, seguí de frente y dije: “otro día paso a hacer las compras de la despensa”, relató.
- María Estela, sobreviviente al “trenazo” de 1996 en Mazatlán
- Hijos de María Estela, fallecidos en el “trenazo” de 1996 en Mazatlán
Poco antes de las 9 de la noche, el autobús llegó al cruce ferroviario de la avenida Santa Rosa, en la colonia Jabalíes. Segundos después, ocurrió el impacto. La locomotora embistió al autobús y lo arrastró varios metros. María Estela ni siquiera tuvo tiempo de escuchar la colisión y los gritos de miedo, pues había perdido el conocimiento.
Despertó en el hospital entre fracturas, golpes y un dolor que todavía no alcanzaba a comprender. Ocho costillas rotas, lesiones en la cabeza y en las piernas la mantuvieron inmovilizada durante días, pero lo más duro era lo que nadie quería decirle, que dos de sus tres hijos habían muerto.
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María Estela se enteró hasta el domingo
Perdí el conocimiento. Yo me enteré de la muerte de mis hijos hasta el domingo, y eso fue un viernes. El domingo yo me enteré de la muerte de mis hijos. No me querían decir, pero pues al final de cuentas tomaron la decisión de informarme, y pues ya demasiado tarde. Estuve con mis hijos hasta que los sepulté, recordó.
Óscar Mauricio y Yuniria estaban entre las víctimas. Sin embargo, antes de morir, Óscar Mauricio logró realizar un último acto que terminaría salvando una vida, la de su hermano menor, que en ese entonces apenas tenía 5 años.
De acuerdo con el relato de María Estela, su hijo Óscar Mauricio logró lanzarlo por una ventana del autobús antes de que la tragedia terminara de consumarse.
- “Trenazo” de 1996 en Mazatlán
- “Trenazo” de 1996 en Mazatlán
- “Trenazo” de 1996 en Mazatlán
- “Trenazo” de 1996 en Mazatlán
El niño cayó entre matorrales y permaneció desaparecido durante varias horas. No fue localizado sino hasta cerca de las tres de la madrugada, gracias a que su llanto guio a los rescatistas.
Hoy, aquel niño tiene 35 años y sigue siendo, para su madre, el milagro que quedó después de la tragedia. Treinta años después, María Estela insiste en que el trenazo dejó una enseñanza que sigue vigente.
El querer ganarle al tren… eso es imposible. ¿Cuándo le vas a ganar al tren?, ¿cuándo se va a detener? Se puede detener un carro, pero un tren no, y a la velocidad que traía jamás, finalizó.
- María Estela, sobreviviente al “trenazo” de 1996 en Mazatlán
- Vecino de María Estela
Aquella noche viajaban estudiantes, trabajadores, madres de familia y jóvenes que regresaban de clases o del trabajo. Muchos nunca llegaron a su destino. Por eso, tres décadas después, las flores, las veladoras y las oraciones siguen apareciendo cada 31 de mayo, y cada persona que pasa por ese cruce ferroviario recuerda las vidas que ahí se quedaron.








