Los Mochis, Sinaloa. – Los recientes cambios de sacerdotes realizados en la Diócesis de Culiacán obedecen, principalmente, a las necesidades pastorales detectadas por el obispo Jesús José Herrera Quiñonez en las distintas comunidades, así como a la búsqueda de una renovación constante que permita fortalecer la labor evangelizadora y responder a los desafíos actuales que enfrenta la Iglesia católica.
Así lo explicó el monseñor Luis Manuel López Salazar, vicario episcopal en la zona norte de Sinaloa, quien señaló que cada movimiento sacerdotal surge tras un análisis de las condiciones particulares de las parroquias y de los perfiles de los presbíteros con el objetivo de que sus capacidades y carismas puedan ser aprovechados donde más se requieren.
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¿Por qué se realizaron estos cambios de sacerdotes en diversas parroquias de la Diócesis?
Estos cambios de sacerdotes en diversas parroquias de la Diócesis responden a la visión pastoral del obispo, quien conoce de cerca la realidad de las comunidades y detecta aquellos lugares donde existen necesidades urgentes relacionadas con la evangelización, el fortalecimiento de la fe, la reconciliación comunitaria o el acompañamiento espiritual, explicó.
Todo cambio se suscita a raíz de las necesidades pastorales que, según el pensar y el sentir de nuestro Obispo, como pastor que conoce y ha recorrido todas las parroquias y todas las zonas propias pastorales de la Diócesis, él percibe la necesidad de los cambios ahí donde el sacerdote, con sus capacidades, con sus carismas, sabe que va a atender una necesidad pastoral urgente desde su visión, expresó.
Indicó que existen comunidades donde se requiere fortalecer el anuncio del Evangelio, mientras que en otras es necesario consolidar proyectos ya iniciados o dar continuidad a procesos pastorales que demandan nuevas dinámicas de trabajo.
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Además, explicó que los cambios también benefician a los propios sacerdotes, ya que después de largos periodos en una misma comunidad resulta conveniente una renovación que les permita recuperar energías, afrontar nuevos retos y evitar el desgaste propio del ministerio.
Como por ejemplo, lugares donde hay que consolar, lugares ahí donde hay que atender necesidades urgentes, como la falta de evangelización, como la falta de fe, y que hay que extender el anuncio del Evangelio como signo de esperanza y, al mismo tiempo, que crea una comunidad más unida, más reconciliada, más fraterna. Y, al mismo tiempo, parroquias que ya tienen camino andado, pero que de alto tiempo el sacerdote en la comunidad necesita ese cambio, ese cambio necesario por su salud mental, por recuperar fuerzas y no permitir, pues, que se hagan raíces en una sola comunidad, porque somos sacerdotes en obediencia.
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Asimismo, aclaró que los cambios no necesariamente se limitan a determinados periodos del año, ya que pueden surgir circunstancias extraordinarias como enfermedades, jubilaciones o incluso fallecimientos de sacerdotes que obliguen a realizar nuevos movimientos para evitar que las comunidades queden sin atención espiritual.
Como ejemplo, mencionó el reciente fallecimiento del padre Andrés Cárdenas, situación que obliga a la Diócesis a reorganizar recursos humanos para garantizar la continuidad de la atención pastoral en las comunidades afectadas.
