Por: Javier López Acosta

Las casetas telefónicas fueron una parte importante de la infraestructura de comunicación en México. En Sinaloa, las primeras comenzaron a instalarse a inicios de la década de 1960, conectadas a una central telefónica que enlazaba las líneas al momento de solicitar una llamada a un número residencial o abonado.

Para realizar llamadas de larga distancia era necesario establecer primero contacto con una operadora, disponible mediante una llamada de tres dígitos. Las casetas alcanzaron gran popularidad durante las décadas de 1960, 1970 y 1980; fue precisamente a finales de los 80 y principios de los 90 cuando registraron su mayor auge. En ese periodo se introdujo la modalidad de tarjetas prepagadas, que sustituyó gradualmente el uso de monedas: el usuario insertaba la tarjeta para activar el servicio telefónico.

En Culiacán fue hasta finales de los años 90 cuando las casetas quedaron prácticamente en desuso. Pocas sobrevivieron a la llegada de los teléfonos celulares y algunas se mantuvieron en funcionamiento hasta 2009 por cuestiones legales relacionadas con Telmex.

En esta fotografía se observan algunas de las últimas casetas ubicadas sobre la avenida Álvaro Obregón, frente a la Catedral. Hoy en día es raro encontrar alguna que permanezca en condiciones de uso, especialmente en la zona urbana.

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