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Mazatlán, Sinaloa. —Personas Privadas de la Libertad del Centro Penitenciario El Castillo sembraron este viernes 19 de junio alevines de tilapia en estanques instalados dentro del penal, en Mazatlán, Sinaloa, como parte de un proyecto de acuacultura impulsado por el Club Rotario y respaldado por especialistas de la Facultad de Ciencias del Mar, con el objetivo de brindar capacitación, fomentar el trabajo productivo y fortalecer el proceso de reinserción social.

Mientras cumplen una condena, un grupo de internos ha encontrado en la crianza de peces algo más valioso que una actividad cotidiana, una oportunidad para reconstruir su futuro. Entre redes, alimento para peces y monitoreos constantes del agua, los participantes están aprendiendo una profesión que podría abrirles puertas una vez que recuperen su libertad.

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¿Por qué este proyecto es diferente a otros programas penitenciarios?

Porque no solo ocupa el tiempo de los internos, sino que les enseña un oficio con posibilidades reales de desarrollo económico.

Cada participante asume responsabilidades específicas relacionadas con el cuidado de las tilapias, desde la alimentación hasta la vigilancia de las condiciones necesarias para su crecimiento.

José Ángel, quien ha pasado cerca de dos décadas dentro del centro penitenciario, asegura que la actividad le ha permitido mantenerse enfocado en metas positivas.

 

A las personas que nos han apoyado y que nos quieren ayudar, yo y todo el grupo les damos las gracias, que volteen a vernos, que aquí donde estamos en el Centro de Readaptación Social, hay gente que quiere cambiar, hay gente que quiere involucrarse en cosas positivas para poder el día de mañana salir y regresar a la sociedad, pero ya con una mente diferente y con una visión diferente”, compartió.

¿Cómo funciona la granja acuícola dentro del penal?

Los internos trabajan por turnos desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Durante la jornada supervisan la calidad del agua, alimentan a los peces tres veces al día y atienden cualquier situación relacionada con el clima o el desarrollo de los ejemplares.

 

Es una experiencia muy bonita al ver y saber que ahí está un pez y que tú lo alimentaste y creció y te lo puedes comer o vender. Es algo, por decir, bien, que puedas aprender una cosa nueva para poder el día de mañana salir y, cómo no, sí poner unas dos, tres tinitas de esas como un hobby y ya después ver”, manifestó.3

Las tilapias requieren entre cuatro y ocho meses para alcanzar el tamaño adecuado para su venta.

¿Qué ocurre con las ganancias obtenidas?

Según explicó Agustín Frías Vázquez, director de Proyectos Especiales del Club Rotario Mazatlán, los recursos generados por la comercialización benefician directamente a las Personas Privadas de la Libertad involucradas en el proyecto.

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Además, dijo, una parte de las utilidades se destina a la compra de nueva semilla, lo que permite que el ciclo continúe y que más internos puedan integrarse a la actividad.

¿Qué buscan las autoridades con esta iniciativa?

Más allá de producir pescado, el objetivo es generar herramientas para la vida. Autoridades penitenciarias, representantes del Club Rotario y académicos coincidieron en que la capacitación y el trabajo son pilares fundamentales para una reinserción social efectiva.

En El Castillo, los estanques no solo albergan tilapias. También resguardan historias de esfuerzo, disciplina y la esperanza de que, cuando llegue el momento de recuperar la libertad, exista un camino distinto por recorrer.

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