Por: Javier López

A principios de la década de los noventa, Culiacán atravesaba una de las etapas de mayor transformación urbana de su historia reciente. El crecimiento de la ciudad avanzaba de manera acelerada, especialmente hacia la zona norte, donde comenzaba a tomar forma uno de los proyectos de desarrollo más ambiciosos para la capital sinaloense: el Desarrollo Urbano Tres Ríos.

Concebido como un detonante para la expansión ordenada de la ciudad, este proyecto marcó un antes y un después en la configuración de Culiacán. Hasta entonces, el Centro Histórico concentraba buena parte de la actividad comercial, financiera y de servicios; sin embargo, el Desarrollo Tres Ríos abrió una nueva etapa al conectar esa zona tradicional con un amplio territorio de oportunidades al otro lado del río Tamazula.

La visión era clara: crear un nuevo polo de desarrollo que impulsara la inversión, atrajera empresas y ofreciera espacios modernos para el crecimiento económico. Con el paso de los años comenzaron a establecerse hoteles, plazas comerciales, edificios corporativos y negocios de múltiples giros, además de importantes desarrollos habitacionales que transformaron el paisaje urbano y dieron origen a una nueva dinámica para la ciudad.

Pero para que ese proyecto pudiera consolidarse era indispensable resolver uno de los principales desafíos de la época: la movilidad. El río Tamazula, que atraviesa Culiacán de oriente a poniente, representaba una barrera natural que limitaba la conexión eficiente entre el centro y las nuevas áreas de expansión. Era necesario construir infraestructura vial capaz de unir ambos extremos de la ciudad y facilitar el tránsito de miles de personas.

Fue en ese contexto que se emprendió la construcción de nuevos puentes, obras que serían fundamentales para el crecimiento de la capital. Entre ellas destacó el puente Juan de Dios Bátiz, conocido popularmente como “Teófilo Noris”, una infraestructura que no solo permitió mejorar la circulación vehicular, sino que también se convirtió en una pieza clave para consolidar el Desarrollo Tres Ríos y favorecer la integración de la ciudad.

Con el paso del tiempo, el puente “Teófilo Noris” dejó de ser únicamente una obra de ingeniería para convertirse en un símbolo del proceso de modernización que vivió Culiacán durante aquellos años. Miles de ciudadanos lo cruzan diariamente, muchas veces sin imaginar que su construcción representó uno de los pasos más importantes para impulsar el crecimiento urbano, económico y comercial de la capital sinaloense.

Hoy, más de tres décadas después, esta obra continúa siendo testigo del desarrollo de la ciudad y un recordatorio de una época en la que Culiacán comenzó a mirar hacia nuevos horizontes, sentando las bases de la metrópoli que conocemos en la actualidad.

Hotel Lucerna: uno de los pioneros del Desarrollo Urbano Tres Ríos en Culiacán

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