Por Javier López
“La Estrella” se erige en la memoria urbana como uno de los centros de reunión más emblemáticos del Culiacán de antaño. Durante las décadas de los 70 y parte de los 80, este singular espacio vibró al ritmo de las celebraciones más importantes de la sociedad culichi: fastuosas bodas, emotivos quince años, animadas posadas y un sinfín de eventos sociales y graduaciones que quedaron grabados en la nostalgia de quienes disfrutaron de sus noches en la pista de baile. Para acceder a este espacio, que originalmente funcionaba como el salón exclusivo de la cervecería Carta Blanca, el requisito indispensable era consumir los productos de la casa, convirtiendo cada festejo en una tradición local arraigada.
Ubicada estratégicamente en la salida norte de la ciudad, sobre el bulevar José Limón en el sector Humaya, la icónica construcción se levanta en los terrenos de la antigua fábrica cervecera. Su diseño arquitectónico, concebido en 1965, es obra del célebre arquitecto español Félix Candela, un visionario de renombre internacional famoso por su dominio del paraboloide hiperbólico. A través de esta vanguardista técnica de mantos hiperbólicos, Candela logró trazar líneas rectas que generan estructuras curvas autosustentables, un hito de la arquitectura moderna en México que desafía visualmente la gravedad y que comparte ADN con otras grandes joyas locales, como el santuario de La Lomita.
Tras el esplendor de sus mejores años, las puertas de este recinto se cerraron de manera definitiva hacia el inicio de la década de 1990, sumergiendo a la majestuosa estructura en un profundo y prolongado letargo. Hoy en día, devorada por el abandono, la maleza y el grafiti, la edificación resiste estoicamente el embate del tiempo. Convertida en un coloso olvidado, su silueta es observada diariamente por miles de automovilistas que cruzan el sector, sirviendo como un mudo recordatorio de las épocas doradas de la juventud de aquellos años.
A pesar del deterioro, el destino de este patrimonio moderno aún oscila entre la desaparición y la esperanza. La comunidad e iniciativas locales han impulsado esfuerzos ciudadanos y colectivos para limpiar el área, mientras se discuten ambiciosos proyectos inmobiliarios que pretenden integrarla como el lobby de un hotel o centro comercial. Actualmente, “La Estrella” duerme en espera de que estos planes se consoliden para reactivar su brillo original, o bien, de que el inevitable avance de la modernidad termine por sepultar sus días bajo los escombros de nuevos desarrollos urbanos.
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