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Guasave, Sinaloa.- El comportamiento impredecible del clima y los retrasos en la distribución del agua fueron factores que complicaron el desarrollo del maíz durante el ciclo agrícola otoño-invierno 2025-2026, expuso el ingeniero agrónomo Leonardo Lugo Gaxiola durante una ponencia ante productores de la Asociación de Agricultores del Río Sinaloa Poniente (AARSP).
Durante su participación en la charla “Impacto del clima sobre el rendimiento del maíz, un análisis del ciclo anterior O-I 2025-2026”, el asesor agronómico independiente llamó a los productores a modificar la manera tradicional de tomar decisiones y dejar de aplicar manejos como si existiera una fórmula que funcionara igual para todos los cultivos.
Mire, dejaría de pensar en el productivo. Creo que ahorita la situación es como sacar adelante el escenario. El productor lo que tiene que hacer ahorita es ser mucho más fácil a la adaptación de nuevas cosas. No nuevas cosas, nuevas tecnologías como tal o adquisiciones, es a nuevos manejos. El doctor tiene que ser más flexible, tiene que estar más abierto, tiene que responder más rápido. ¿Por qué? Porque el clima cambia muy rápido. Hemos visto los últimos 10 años cómo han pasado heladas, calores, lluvias, sequías.”
¿Qué falló durante el ciclo anterior?
Lugo Gaxiola consideró que uno de los primeros elementos que debió tenerse fue una mejor previsión del comportamiento climático, pues una vez que el productor establece el cultivo ya tiene poco margen para modificar decisiones fundamentales.
Explicó que si un productor siembra a determinada fecha y posteriormente las condiciones climáticas cambian, ya no puede regresar para modificar esa decisión, por lo que contar con información oportuna resulta fundamental para anticiparse a los escenarios.
En particular, señaló que durante el ciclo anterior no se presentó el frío que se esperaba, situación que terminó modificando las condiciones bajo las cuales se desarrollaron los cultivos.
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¿Qué papel tuvieron los riegos?
El especialista explicó que, ante las condiciones que se presentaron, los productores debieron realizar riegos en intervalos más cortos, pues en algunos casos el cultivo pudo requerir agua antes de la fecha en que estaba programado.
Sin embargo, señaló que el productor no siempre tiene la posibilidad de regar cuando el cultivo lo necesita, debido a que el agua se distribuye conforme a turnos y días establecidos.
Puso como ejemplo que un cultivo podría necesitar su primer riego a los 45 días, pero si el agua se entrega hasta los 55, existe un retraso de 10 días que posteriormente repercute en el resto de la programación.
¿Los retrasos terminan afectando a todos?
Lugo Gaxiola explicó que cuando un productor retiene el agua para intentar compensar un retraso, puede generar un efecto en cadena sobre los siguientes usuarios.
De esta manera, el retraso de un productor puede trasladarse al siguiente y provocar que toda la programación termine desplazándose, incluso hasta llegar nuevamente al primer productor cuando corresponde su siguiente riego.
El agrónomo consideró que esta dinámica termina perjudicando a todos los involucrados, pues nadie obtiene un beneficio real al prolongar innecesariamente el uso del agua.
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¿Cómo debe trabajar un productor con su asesor?
El especialista también cuestionó la práctica de ofrecer recomendaciones como si fueran recetas universales.
Explicó que un buen asesor debe analizar las condiciones específicas de cada productor antes de recomendar cambios, tomando en cuenta factores como el clima, el suelo, el relieve, la disponibilidad de agua, el híbrido utilizado, la densidad de siembra y la maquinaria disponible.
De igual manera, señaló que las recomendaciones deben ser realistas y acordes con la capacidad económica y tecnológica de cada productor.
Lugo Gaxiola advirtió que las recomendaciones poco sustentadas, los “espejismos” y los gastos innecesarios pueden terminar incrementando los costos de producción y llevar al agricultor a una situación económica todavía más complicada.
Por ello, insistió en que productor y asesor deben trabajar de manera conjunta, con información y análisis de las condiciones particulares de cada parcela, para tomar decisiones que permitan responder con mayor rapidez a los cambios del clima y de la disponibilidad de agua.
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