
En una carta abierta, exreos de Guantánamo como el yemení Mansoor Adayfi, liberado tras 14 años sin cargos, junto a otros 15 exrehenes, han manifestado su desacuerdo con la decisión de la Administración de Donald Trump de ampliar la utilización de la base naval para retener a migrantes indocumentados.
En sus palabras, “Nadie merece ser arrojado a un sistema creado para borrarlos”.
Según la carta a la que EFE tuvo acceso en exclusiva, Guantánamo va más allá de ser simplemente una cárcel, siendo un lugar donde se vulnera la ley, se atenta contra la dignidad y se oculta el sufrimiento tras alambres de púas.
Los exreos describen de manera cruda experiencias como el ruido de las puertas metálicas, el peso de los grilletes y la indiferencia de un mundo que prefirió mirar a otro lado.
El pasado 29 de enero, Trump ordenó a las autoridades competentes adecuar Guantánamo para brindar espacio adicional de detención a migrantes criminales de alta prioridad presentes ilegalmente en Estados Unidos.
Organizaciones defensoras de los derechos humanos, incluida la ACLU, han pedido acceso a estos migrantes, denunciando falta de claridad sobre su estatus legal.
Desde la llegada de los primeros prisioneros en 2002, en el marco de la ‘Guerra contra el Terrorismo’, el número ha disminuido significativamente, quedando apenas 15 detenidos, de los cuales solo dos tienen condena.
En el marco de sus políticas migratorias, Trump ha anunciado la deportación de migrantes considerados de bajo riesgo desde Guantánamo a sus respectivos países.
Aunque el Gobierno no ha revelado detalles sobre los detenidos, se menciona que pertenecen mayoritariamente a la organización venezolana Tren de Aragua y han sido vinculados como criminales de alto riesgo.
La controversia en torno al uso de Guantánamo para detener migrantes sin duda genera debate sobre los límites en el trato a los seres humanos, la transparencia en los procesos de detención y la protección de los derechos fundamentales en un contexto ya de por sí delicado.
