Estados Unidos.- El Departamento de Defensa de Estados Unidos autorizó al Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) a poner a prueba un arma militar de energía dirigida, conocida como Sistema de Denegación Activa (ADS) o ‘rayo de calor’, con la intención de desarrollar estrategias para su posible utilización en operaciones fronterizas con México.

Esto de acuerdo con información difundida este miércoles por CNN, medio que señala que la autorización fue aprobada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, mediante un memorando.

La tecnología busca provocar una sensación intensa de calor en las personas para obligarlas a alejarse de una zona, sin recurrir a proyectiles convencionales.

La medida abre la posibilidad de incorporar este dispositivo a las herramientas utilizadas para disuadir cruces migratorios irregulares y dispersar concentraciones de personas, sin embargo, persisten interrogantes sobre sus efectos físicos, su efectividad y las implicaciones legales de emplearlo contra población civil.

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¿Cómo funciona el arma que Estados Unidos pretende probar en la frontera?

El Sistema de Denegación Activa emite ondas electromagnéticas invisibles que generan una sensación de calor extremo cuando alcanzan la superficie de la piel. Según funcionarios militares citados por CNN, el efecto es comparable con abrir la puerta de un horno caliente y puede provocar una reacción inmediata de alejamiento.

El dispositivo puede alcanzar objetivos situados a más de 800 metros de distancia, con un alcance cercano a un kilómetro. La sensación de ardor suele desaparecer entre 10 y 15 minutos después de que la persona deja de estar expuesta al haz de energía.

Aunque está diseñado como un sistema no letal, su mecanismo de acción se basa en generar un dolor intenso que impulse a las personas a huir para encontrar alivio. Por ello, su posible utilización en la frontera plantea dudas sobre los riesgos para quienes reciban la radiación, particularmente en escenarios de aglomeración.

Este ‘rayo de calor’ no es una tecnología completamente nueva. Las fuerzas estadounidenses lo desplegaron brevemente en Afganistán hace casi dos décadas, pero finalmente descartaron utilizarlo en operaciones de combate.

También se evaluó para situaciones de control de multitudes sin que llegara a implementarse.

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¿Quién utilizará el dispositivo y durante cuánto tiempo?

El memorando firmado por Hegseth establece que el Departamento de Defensa prestará temporalmente el sistema al DHS durante siete meses. La operación del arma y la elaboración de los procedimientos para emplearla quedarán bajo responsabilidad exclusiva de Seguridad Nacional, sin participación operativa del Departamento de Defensa.

“El Departamento de Seguridad Interior es el único responsable por el uso del sistema, desarrollo de tácticas, técnicas y procedimientos… el Buró de Aduanas y Patrulla Fronteriza (CBP) sigue evaluando nuevas tecnologías, especialmente aquellas que fortalecen la efectividad de las operaciones y misiones”, se informa en el documento.

Al finalizar el periodo establecido, el DHS podrá solicitar una ampliación si considera necesario continuar con las pruebas o mantener el dispositivo dentro de sus operaciones fronterizas.

La autorización no contempla que el Comando Norte de las fuerzas armadas estadounidenses opere el arma. En cambio, serán las autoridades federales de Seguridad Nacional las encargadas de evaluar su funcionamiento y desarrollar las tácticas para su posible utilización.

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¿Ya se había considerado utilizar el ‘rayo de calor’ contra migrantes?

La posibilidad de emplear esta tecnología para contener cruces irregulares ya había sido examinada por funcionarios de la CBP.

Según el reporte de CNN, durante la gestión de Rodney Scott al frente del sector de El Centro, California, quien actualmente ocupa el cargo de comisionado de la agencia, se analizó la posibilidad de utilizar el sistema en zonas con una elevada incidencia de cruces fronterizos no autorizados. Entre los puntos considerados figuraba un tramo de aproximadamente 112 kilómetros.

La nueva autorización federal retoma esa posibilidad al permitir que el DHS pruebe el dispositivo y diseñe procedimientos para determinar su utilidad en el control fronterizo.

No obstante, su incorporación a las operaciones migratorias todavía dependerá de las evaluaciones que realicen las autoridades.

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