La vigorexia es un trastorno dismórfico corporal que provoca obsesión por la apariencia física, especialmente por desarrollar masa muscular excesiva. Quienes la padecen nunca se sienten satisfechos con su cuerpo y pueden caer en entrenamientos compulsivos, dietas restrictivas o consumo de suplementos y sustancias anabólicas peligrosas.
¿Cuáles son sus causas?
No existe una única causa. Factores como la ansiedad, el miedo al rechazo, la presión social y la influencia de redes sociales que promueven estándares de belleza irreales, pueden favorecer su aparición. También influyen los entornos donde se habla constantemente del cuerpo y el peso, lo que obsesiona a los adolescentes con su apariencia.
¿Qué señales deben vigilar los padres?
Entre las principales señales de alerta se encuentran:
- Ejercicio excesivo que interfiere con la escuela o las relaciones sociales.
- Cambios en la alimentación, rituales con la comida o consumo de suplementos para fisicoculturistas.
- Revisión constante de la apariencia en espejos o uso de ropa holgada para ocultar el cuerpo.
- Cambios de humor, ansiedad, irritabilidad o depresión vinculados a la imagen corporal.
- Uso de esteroides, con graves riesgos para la salud cardiovascular, hepática y reproductiva.
¿Qué riesgos implica?
La vigorexia puede derivar en deficiencias nutricionales, lesiones por exceso de entrenamiento, depresión, ansiedad y problemas de socialización. A largo plazo, el impacto físico y emocional puede ser severo si no se atiende oportunamente.
La vigorexia es un trastorno cada vez más frecuente entre adolescentes. Detectar las señales a tiempo y buscar apoyo profesional puede marcar la diferencia para proteger la salud física y mental de los jóvenes.
