En la Ciudad de México, donde la prisa y el ruido forman parte del día a día, el estrés se percibe como un enemigo constante. Sin embargo, la especialista Ingrid Vargas Huicochea, de la Facultad de Medicina de la UNAM, aclara que no todo estrés es perjudicial: puede ser una respuesta natural y necesaria para enfrentar cambios, presión o incertidumbre.
¿Qué es el estrés?
Es una reacción física y mental que busca que el cuerpo recupere su equilibrio frente a situaciones de cambio. Puede ser positivo —llamado eustrés— cuando motiva y acompaña momentos importantes como una graduación o una boda.
¿Cuándo se convierte en un problema?
Cuando el estrés es constante aparece el distrés, que puede derivar en ansiedad, depresión, fatiga y problemas cardiovasculares o cerebrales. La diferencia está en la duración y en la capacidad de cada persona para enfrentarlo.
¿Qué efectos tiene en el cuerpo?
El organismo libera cortisol, hormona que eleva la presión arterial y la glucosa. Si esta activación se prolonga, afecta la atención, memoria y concentración, además de provocar síntomas como insomnio, irritabilidad, gastritis, colitis, hipertensión y palpitaciones.
¿Cómo evitar que el estrés dañe la salud?
La especialista recomienda tres pasos:
- Identificar los estresores de la vida cotidiana.
- Observar las reacciones personales frente a ellos.
- Evaluar qué respuestas ayudan y cuáles deterioran el bienestar.
Entre las estrategias para manejarlo están el ejercicio físico, la meditación, el yoga y la psicoterapia, especialmente las terapias contextuales que enseñan a relacionarse mejor con la realidad sin necesidad de cambiarla.
En un entorno acelerado, aprender a convivir con el estrés más que eliminarlo es el verdadero desafío. El objetivo es impedir que tome el control y afecte la salud, transformándolo en un aliado de adaptación en lugar de un enemigo cotidiano.
