México.- Lavar los platos, vasos, cubiertos y utensilios de cocina parece una tarea cotidiana que no requiere mayor atención. Sin embargo, una limpieza deficiente puede dejar restos de comida, jabón y microorganismos en las superficies que posteriormente entran en contacto con los alimentos.
Por ello, mantener una rutina adecuada de lavado y secado ayuda a reducir el riesgo de contaminación de los alimentos y de problemas gastrointestinales. El procedimiento no consiste únicamente en pasar una esponja con jabón, también es importante enjuagar bien, prestar atención a las zonas de difícil acceso y mantener limpios los instrumentos utilizados para lavar.
Puedes leer: Olvida la lavadora: el truco casero para dejar los trapos de cocina como nuevos
¿Cuál es la forma adecuada de lavar y enjuagar los utensilios?
De acuerdo con el Issste (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado), antes de aplicar agua y detergente, conviene retirar los restos de comida que hayan quedado adheridos a platos, vasos, cubiertos, ollas y demás utensilios. Posteriormente, todas las superficies deben tallarse con agua y detergente.
El enjuague es una parte fundamental del proceso. Los residuos de jabón no deben permanecer en los utensilios, por lo que es necesario utilizar suficiente agua para eliminarlos por completo, especialmente en platos, vasos y cubiertos.
También hay que considerar las piezas que suelen pasar inadvertidas durante una limpieza rápida. En ollas, recipientes y otros utensilios es recomendable lavar asas, tapas, esquinas y mangos, ya que en esos puntos pueden acumularse residuos y bacterias.
Cuando se han manipulado alimentos crudos, como pollo, también se recomienda prestar especial atención a los utensilios y superficies que estuvieron en contacto con ellos. Si una persona estuvo enferma, la limpieza de los utensilios utilizados debe hacerse cuidadosamente y puede complementarse con la desinfección mediante productos adecuados para superficies en contacto con alimentos.
¿Cada cuánto hay que cambiar la esponja y cómo evitar la contaminación cruzada?
La esponja utilizada para lavar los trastes también requiere cuidados. Si permanece húmeda durante largos periodos, puede convertirse en un sitio poco conveniente para la higiene de la cocina. Por eso, después de utilizarla debe dejarse escurrir y secar, evitando mantenerla sumergida en agua o jabón.
Cuando la esponja comienza a despedir malos olores, es una señal para reemplazarla. Cambiarla con frecuencia forma parte de una adecuada higiene de los utensilios de limpieza.
Otro hábito importante consiste en separar las tablas empleadas para cortar alimentos. Una puede destinarse a carnes crudas y otra a frutas y verduras. Esta práctica ayuda a disminuir las posibilidades de que microorganismos presentes en alimentos crudos pasen a productos que se consumirán posteriormente.
Te puede interesar: ¿Cómo quitar la grasa acumulada de los muebles de cocina? Sigue estos tips
¿Qué puede ocurrir si los trastes no se limpian correctamente?
Una limpieza incompleta puede favorecer la contaminación de los alimentos y aumentar el riesgo de infecciones gastrointestinales. Entre las molestias que pueden presentarse están la diarrea, las náuseas y el vómito.
El cuidado de los utensilios adquiere especial importancia porque platos, vasos, cubiertos y recipientes tienen contacto directo con la comida. Si no se eliminan adecuadamente los residuos y microorganismos, estos pueden terminar nuevamente en los alimentos.
Mantener una cocina higiénica, por tanto, depende de varios pasos sencillos: retirar los restos de comida, lavar con agua y detergente, enjuagar a conciencia, mantener secas las esponjas, sustituirlas cuando sea necesario y utilizar tablas separadas para diferentes tipos de alimentos.
Son medidas simples que pueden incorporarse a la rutina diaria para reducir riesgos y mantener en mejores condiciones el espacio donde se preparan y consumen los alimentos.
Sigue leyendo: El secreto para que tu auto huela limpio por más tiempo no está en los aromatizantes
