A mucho sol y poca sombra
“Aquella indiferencia hacia él no era más que una coraza contra el miedo”.
Fragmento del libro El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez.
Muy alarmante hablar que Sinaloa se ubica dentro de las 5 entidades con más casos de tuberculosis, hoy hablemos de que, aunque la autoridad diga que la tuberculosis cobró la vida de una pequeña de siete años, en realidad ese fue el agravante final para su corta vida.
Con datos del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica, indica que Sinaloa tiene 38 casos confirmados por cada 100 mil habitantes, un dato bastante alarmante sin embargo, Maydani no murió de tuberculosis meníngea, no murió por las mordeduras de ratas que llevaba su pequeño cuerpo que palidecía en un tono amarillento, ni siquiera murió por la desnutrición severa en la cual se encontraba. Maydani falleció debido a su pobreza.
Debido a un sistema económico severo que no solo discrimina a las comunidades migrantes del sur del país o de la sierra, que bajan a los valles de Sinaloa para “pizcar” o trabajar en los empaques, obligándolos a vivir en condiciones inhumanas, por decir poco.
Vuelve a ser noticia que las cuarterías de los municipios del norte de Sinaloa sorprendan con padres ausentes, hijos olvidados y desnutridos. Hoy queremos culpar a los padres de Maydani por no tener a quién más hacerlo, por fincarles la responsabilidad directa de su pobreza y de su necesidad de vivir sin tener nada. Nada, ni siquiera hoy, la vida de su hija.
El sistema productivo primario en Sinaloa, si bien evolucionó y hoy en su mayoría brinda otro tipo de atenciones más “humanas” de parte de los patrones hacia los migrantes trabajadores del campo, incluso con la astucia de proporcionar “crecimiento” laboral si se desempeñan bien —al grado de exportar mano de obra incluso al país vecino del norte, con visas y convenios laborales—, hoy pareciera trata de personas y manejo de personal discrecional para el desempeño de la labor del campo.
Hace más de 30 años, justo con la presión de los Estados Unidos, fue que muchas de las empresas dedicadas al campo se vieron obligadas a mejorar sus condiciones para las y los trabajadores, ya que de lo contrario no les sería comprado el producto. Si no, hoy hablaríamos de muchas niñas y niños más, además de los que no se saben. Porque habría que decirlo: en las marañas y patrañas del negocio del campo es mucho más lo que no se sabe. Y por una niña fallecida que se sabe, no sabemos cuántos más ni siquiera llegaron a la atención de un hospital público.
Sí, podemos culpar a los gobiernos municipales, estatales y federales; podemos decir que no están a diario revisando las condiciones de las famosas cuarterías de los coyotes tratantes de personas trabajadoras del campo, aun y cuando en los últimos años permanentemente se hagan recorridos y visitas. Pero, como lo hablaba con un amigo ayer por la mañana, este no es el fondo del problema.
¿Hasta cuándo el empresario del campo mantendrá su feudal forma de operar? ¿Cuántas Maydanis tienen que morir para saber que el culpable de fondo es quien mantiene esta forma de explotar ante la necesidad?
Tuberculosis. En Sinaloa existe un programa para atenderla y erradicarla; sin embargo, hablar de esta enfermedad es hablar de pobreza, de suciedad, de explotación y corrupción. La tuberculosis asesina en silencio, se convierte en el gatillo del sistema explotador y de quien vuelve de este sistema su negocio.
Hoy no murió una niña de 7 años, murió la esperanza. Porque hoy, aunque tengamos buenas noticias que dar —deportistas sobresalientes, como Javier Armenta, quien logró 3 medallas en el Mundial de Trasplantados, pero cuyo mayor logro sigue siendo ser un campeón que venció el cáncer; o los niños campeones del Mundial Infantil de Beisbol; incluso los juveniles del Atlético La Vaquita, del profe Cardoza, que ganaron a nivel nacional la Gimnasiada y ahora han ganado el derecho de competir a nivel mundial—, sí, estimado lector, tenemos buenas noticias, opacadas por el hecho de que Maydani pudo ser una joven talento para alguna de esas disciplinas y hoy la avaricia de unos cuantos, la corrupción de otros y la poca ética de quienes ejecutan estas prácticas nos arrebataron un sueño más.
Finalizo diciendo que todo deportista, entrenador y persona con hijas e hijos no debe dejar pasar la oportunidad para generar una conciencia de clase, una construcción moral y ética de poder ver este mundo como un mundo de iguales, o aspirar a generarlo. No hagamos a nuestras hijas e hijos ajenos a los problemas que permean nuestra sociedad y exijamos que los responsables sean eso: responsables.
