El documental  PRI: Crónica de un fin hecho por Denise Maerker no solo es una fotografía de lo que fue el régimen del partido hegemónico, sino que también es un fiel ejercicio de cómo se pierde el poder desde el control total.

Pareciera que Crónica de un fin tiene un destinatario: el PRI, pero, en realidad, es Morena quien debería de ver este ejercicio crítico que se le hace al pasado, el cual, parece, ahí viene otra vez. Sin embargo,  ¿Qué podría aprender Morena del documental?

-. Que no les impongan candidatos de afuera porque eso va alterar, primero, a los grupos y, con ello, a las bases. Es el caso de Los Mochis, por ejemplo, con la futura candidatura de “Mingo” Vázquez por el PVEM con una alianza, muy probablemente, con Morena.

-. Que mientras los grupos y las bases no articulen una doble gramática a los significados y símbolos de los procesos, pueden estar tranquilos. Los priistas a la convención de delegados le llamaban dedazos, a la voluntad de la base le llamaban línea, había una doble significación que denunciaba esas prácticas que, con el tiempo, se fueron agravando. Mientras  los morenistas no le encuentren a la “encuesta”  una forma de evidenciar la voluntad de la élite, pueden estar tranquilos, porque seguirán creyendo lo que les diga el poder, ya sea por lealtad, nobleza o conveniencia.

-.Que Morena puede seguir imbatible en la arena electoral, siempre y cuando no se dividan; que las candidaturas sean para sus militantes, para la gente que ha pasado por los carriles propios partidarios y de gobierno, para poder aspirar a mayores posiciones. En cambio, el PRI, en cada proceso a partir de 1988, se dividía. Si Morena comienza dividiéndose, será el principio del fin.

-. Que pueden tener escándalos o errores de gobierno, pero siempre y cuando vayan unidos.

-. Que con escenarios difíciles, Morena puede tomar el riesgo de postular a la presidencia a alguien que odie profundamente al movimiento, o sea su antítesis, y ahí puede surgir un quiebre. Así lo hizo el PRI con Zedillo.

-. Que les roben los símbolos como al PRI. Morena le quitó la historia y la narrativa nacionalista al PRI. Esa ya le estorbaba: Hidalgo, Morelos, Cárdenas, Juárez, López Mateos, etc.

Son esos riesgos, más otros, ya que Morena, a diferencia del PRI, no tiene dispositivos disciplinarios ni una estructura jerárquica. Es un movimiento que quiere parecer partido.

Y por fin, ¿quién le va a quitar el movimiento al patriarca? ¿La realidad? ¿Natura?

Mientras esto se reflexiona, Morena se ve como un partido imparable, pero el PRI también lo fue,  y debería empezar a verse en un espejo.

Al final,  la pregunta es: ¿quién vendrá cuando Morena pierda el poder? Por lo pronto, no se ven liderazgos emergentes, más que los desplazados del poder que quieren seguir gravitando alrededor de él.

Así era con el PRI … y perdió el poder. Pero todavía le falta tiempo a Morena… pero habrá señales. Aquí se comentaron algunas. Al tiempo.