Reinventando la Política

 

Cuando Guillermo del Toro nos había dado una película bellísima con Pinocho, donde nos explicaba ciertos cuestionamientos a la Iglesia, al Fascismo y la relación padre e hijo, llega y nos irrumpe con Frankenstein, la obra de la escritora Mary Shelley.

La película es un festival de colores, pero continúa por la obra misma, de la relación padre e hijo, creador y creación, la creación de la vida y la elusión de la muerte.

En esta obra de Del Toro, la figura de Frankenstein trae una trayectoria de rechazo social, de búsqueda de identidad, de necesidad de afecto, de dificultad de encajar en un mundo establecido y al final, el poder del perdón entre Creador y Creación.

En política, ¿qué pasa cuando a un creador de alguna idea o un movimiento se le rebelan sus militantes? ¿Qué pasa cuando el creador no quiere soltar a su creación? ¿Y la creación quiere tener vida propia, pero su creador no la deja?

¿Qué pasa cuando la creación empieza a tener rechazo social y su creador no quiere admitirlo? Ese es todo un tema.

Sin duda, los ingleses saben definir a la condición humana: Mary Shelley y Thomas Hobbes, una escritora y el otro filósofo, en sus frases siguen prevaleciendo a pesar de los siglos:

Hobbes nos explica lo que mucho devela la política en México:

“El hombre es un lobo para el hombre”… y es que en política según los tiempos los que hacen la política se vuelven predatorios.

En su novela “El último hombre”, Shelley suelta una frase demoledora que devela la realidad de muchos países bajo gobiernos populistas: “El lobo se vestía con piel de cordero y el rebaño consentía el engaño”.

Del Toro en su zaga fantástica de leyendas e historias de Monstruos nos devela el fuerte cuestionamiento entre padre e hijo o entre el fundador-creador y su invención-creación.

Lo que se explica en las relaciones individuales nos puede explicar lo colectivo.

Sin duda, Del Toro se lució con Frankenstein… pero nos deja pensando en muchas cosas.