En menos de tres meses, la presidenta Claudia Sheinbaum y su equipo han iniciado un proceso de desmantelamiento del equipo obradorista en puestos claves del Gobierno Federal y en la Cámara de Senadores. Todo inició con la salida del fiscal general Alejandro Gertz Manero a finales de noviembre del año pasado. A principios de febrero, salió el hombre primordial del obradorismo: Adán Augusto López. Aunado a ello, se publicó el libro de Julio Scherer Ibarra, Ni perdón ni olvido, donde le acomodaron un misil directo a la línea de flotación: Jesús Ramírez Cuevas habría llevado al “Rey del Huachicol” hasta Palacio Nacional.
Y al finalizar la semana pasada le pidieron la renuncia al reformador de los libros de textos en tiempos de la 4T: Marx Arriaga. Este se atrincheró y no entregaba la oficina. Al fiel estilo.
Pero ¿qué estamos viendo? Es sencillo: un desmarque de la presidenta y un gradual desmantelamiento del pasado. No es otra cosa que, con espátula, están sacando el pasado o, lo que es lo mismo, el primer piso de la Transformación, la cual dejo miles de millones de pesos en observaciones del año 2024. Tan solo Pemex tiene observados 17 mil millones de pesos por la Auditoría Superior de la Federación.
Esta noticia, sin duda, puso en capilla a otro obradorista que podría salir del gabinete: Octavio Romero, exdidrector de esa paraestatal y hoy flamante director de Infonavit.
Actualmente, hay dos funcionarios, el jefe de asesores de la presidenta y su director de Infonavit, que están próximos a pedirles la renuncia. Son los que siguen.
En 1976, el poderoso secretario de Gobernación de José López Portillo, don Jesús Reyes Heroles, inició una purga contra todo lo que venía de Echeverría: a Muñoz Ledo lo sacaron de Educación y Augusto Gómez Villanueva fue removido de la dirigencia de la Cámara de Diputados.
Además, se dieron los encarcelamientos de funcionarios de Comunicaciones y Transportes, de Reforma Agraria, del Fideicomiso de Bahía de Banderas y se dio el exilio diplomático de Echeverría a Australia.
Tanto en la ruptura de Jolopo y Echeverría como en las grietas que se ven en la 4T se puede observar que, aunque hubo ruptura política, el modelo económico de gasto es el mismo de un sexenio a otro.
Echeverría era amigo de Pepe desde la Del Valle. En cambio, a Claudia fue Pepe Barberán, un matemático y académico, quien la presentó con AMLO para que fuera miembro de su gabinete en la jefatura de gobierno.
Solamente hay que observar el pasado para observar cómo la ruptura más parecida a este régimen actual fue una tragedia: devaluaciones, inflación, estilización de la banca. La docena trágica, le llamaron.
Ahora, la ruptura que viene no se gesta desde el control, sino desde agendas desde fuera. En sí, desde Estados Unidos. Esto, con tal de detener la influencia rusa en nuestro país y otras cosas más.
Y eso que López Portillo y Echeverría eran de la red Litempo y se dieron con todo.
Ahora bien, ¿los americanos habrán reactivado dicha red? Porque la ruptura se ve que viene con todo y no se quita.
