A mucho sol y poca sombra
México hizo lo impensable. No, no hablo de que los precios bajaran ni de que los grupos de WhatsApp familiares dejaran de pelearse por política. Hablo de futbol: la Selección Mexicana terminó la fase de grupos del Mundial con tres victorias de tres posibles, líder absoluto, invicta y con la portería en cero.
Por primera vez en la historia mundialista, el Tri decidió que eso de sufrir desde el primer partido era una costumbre que podía dejarse para mejores tiempos. Tres juegos, tres triunfos y ni un solo gol recibido. Una defensa más cerrada que las reuniones donde se decide quién será candidato en algunos estados.
La tercera victoria llegó, además, en una fecha peculiar: el cumpleaños de la presidenta Claudia Sheinbaum. Habrá quien diga que fue casualidad. Habrá quien afirme que los astros se alinearon. Y seguramente habrá algún militante entusiasta que ya esté proponiendo declarar el triunfo como regalo institucional de la nación.
Por si fuera poco, Guillermo Ochoa volvió a escribir una página en la historia del futbol al convertirse en el primer mexicano en disputar seis Copas del Mundo. Memo ya no juega mundiales; los colecciona. Para muchos futbolistas asistir a uno es el sueño de una vida. Para Ochoa parece ser una tradición.
Mientras tanto, lejos de los estadios y más cerca de los cafés políticos, en Sinaloa comienza otra competencia igual de intensa: la carrera por la candidatura de Morena para la gubernatura.
Y aquí es donde el futbol ayuda a entender la política.
Porque mientras Javier Aguirre ya tiene definido su once titular, en Morena todavía hay quienes andan calentando en la banda, otros pidiendo revisión en el VAR y algunos más convencidos de que la encuesta es como los penales: nadie sabe exactamente cómo funciona hasta que termina.
Los aspirantes empiezan a registrarse y el ambiente recuerda a una fase de grupos. Todos aseguran que van ganando, todos dicen tener el respaldo de la afición y todos afirman que la encuesta los pone arriba. Si uno escuchara únicamente a los equipos de campaña, habría por lo menos siete líderes invictos al mismo tiempo.
Algunos juegan al ataque, apareciendo en cada evento posible. Otros prefieren la posesión de balón, acumulando reuniones, estructuras y fotografías estratégicamente distribuidas. También están los que apuestan al contragolpe, esperando que los favoritos se desgasten para aparecer en tiempo de compensación.
La diferencia es que en el Mundial los marcadores aparecen en la pantalla. En política, los goles suelen contarse hasta que el árbitro electoral pita el final.
Por lo pronto, México avanza a las finales mundialistas mostrando cohesión, orden y resultados. Virtudes que cualquier partido político presume tener y que pocas veces logra demostrar durante noventa minutos.
Quizá la verdadera lección para los aspirantes sinaloenses sea esa: menos declaraciones de campeonato y más trabajo en la cancha. Porque en el futbol y en la política existe una regla universal: no gana quien más presume la copa, sino quien mete los goles cuando llega la hora buena.
Y si algo nos ha enseñado este Mundial es que, contra todos los pronósticos, hasta los milagros pueden aparecer. Pregúntenle a México, líder invicto. O a los aspirantes de Morena en Sinaloa, que este sábado se registran convencidos de que ellos también ya van en primer lugar.
Insisto en que las más fuertes son las mujeres que han anunciado participar, Tere Guerra Imelda Castro y Graciela Domínguez, sin duda las más adelantadas, y más identificadas con la izquierda; se sumaron Jesús Ibarra y Ricardo Madrid, del Verde, pero ojo, este miércoles presentó su renuncia a la Secretaría de Economía, Feliciano Castro, también exsecretario general de Gobierno, que si está renunciando es porque algo planea, desde sumarse a Graciela o reforzar la lista en género por hombres.
Ya veremos próximamente qué sucede en las finales, veremos si se llega al quinto partido y quién lo hace.
