Hay quienes sostienen que el futbol no tienen nada que ver con la vida del hombre. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida, pero de algo estoy seguro: no saben nada de futbol.-  Eduardo Sacheri

¿Qué van a saber de futbol ustedes que no olieron el canal pluvial sin limpiar, no sintieron los piquetes de los moscos o no terminaron empanizados con la tierra del terreno pintado como cancha?

¿Qué van a saber de futbol si, mientras todo eso pasaba, yo me concentraba en el calor de los últimos rayos del sol, en el recorte del plebe con zapatos rotos, con el balón descocido y con la grandeza de ver al hijo, la novia, los padres o la esposa alentando para que su equipo se lleve la de 3 litros?…

¿Qué saben ustedes de futbol?

Hoy, mientras alguien se dice anfitrión de la máxima fiesta del futbol y reprime a los aficionados, mientras deja de lado al público asistente, mientras un enfermo que dirige una nación poderosa y un organismo que representaba más que un deporte impone sus reglas, se encargan de convertir la fiesta popular más grande del mundo en la peor Copa Mundial, algo dicho no solo por la prensa, sino por los jugadores, entrenadores y la afición.

Mientras tanto, hace un rato, al lado de un canal de la capital, de esos que no limpiaron y se llenaron de basura y maleza. Sí, al lado de él —entre el olor y los moscos—, un terreno, dos porterías, un balón parchado y más de 50 jóvenes divididos en 4 equipos, un campeón, familias alentando en las gradas olvidadas, un puesto de raspados afuera aprovechando el momento popular para vender; una fiesta que hizo olvidar a los militares circulando, los olores fétidos de al lado y, sin duda, todos los males. Esa es la magia. Por eso se dice que no solo es un deporte. Hoy, el futbol del barrio regaló alegrías a jóvenes con ganas de un respiro. ¡Felicidades a quien lo fomenta!

No es necesario montarse en campañas pintadas y convocar esas estructuras de promotores deportivos al servicio de políticos. Hoy, lo que vi me demostró que lo importante, lo que crea paz, no es llevarse a todos movilizados, sino aterrizar en la calle, poner las piedras y lanzar el balón.

Mientras tanto, el futbol real, ese del que la FIFA, Trump, los directivos de las federaciones sede y uno que otro político de los países que reciben se encargan de privatizar, y no logran, democratiza, une y, sobre todo, fomenta la humanidad.

Desde acá agradecemos todos esos esfuerzos colectivos por crear comunidad. En esencia, ese es el futbol.

Y hablando de ello, ¿cuánto saben de futbol?