Reinventando la Política

 

Nassim Nicholas Taleb, ensayista y matemático, revolucionó la manera de interpretar la historia al introducir el concepto de los “cisnes negros”: eventos impredecibles, de gran impacto, que solo parecen evidentes una vez que han sucedido, pero antes resultaban inimaginables.

Existe, sin embargo, una faceta menos explorada de la teoría de Taleb. Cuando un cisne negro irrumpe, la realidad se transforma y el suceso extraordinario deja de ser una excepción para convertirse en una posibilidad constante.

La política mexicana se encuentra precisamente en ese terreno de incertidumbre.

Claudia Sheinbaum, presidenta de México, gobierna en un entorno donde los hechos excepcionales han dejado de ser anomalías y se han convertido en herramientas para la reconfiguración política, favoreciéndola, aunque aparente lo contrario.

La lógica que predomina es singular. Mientras el discurso oficial enfatiza la soberanía, la continuidad histórica y la unidad del movimiento, la realidad revela una dinámica distinta: lo que ayer era imposible, hoy se presenta como una opción política tangible.

La reducción del peso de figuras emblemáticas del obradorismo, la pérdida de influencia de grupos que parecían inamovibles, la posibilidad de renovar liderazgos partidistas e incluso sacrificar políticamente a gobernadores cuando las circunstancias lo exigen, conforman un escenario que hace apenas un año era inimaginable. Cisnes negros, en efecto.

Pero existe un nivel aún más profundo: la etapa de los cisnes negros trasciende Morena y se manifiesta en la relación con Estados Unidos y en la agenda de seguridad nacional.

La extradición de personajes que durante años parecieron intocables; la extracción de objetivos estratégicos bajo esquemas de cooperación binacional que antes habrían desatado crisis diplomáticas; el uso de tecnologías de vigilancia cada vez más avanzadas; y la discusión pública sobre drones, inteligencia transfronteriza y operaciones de alto impacto, configuran una realidad radicalmente distinta a la de hace una década.

Primero ocurre lo que parecía imposible. Luego, el sistema se adapta. Y entonces surge un nuevo imposible. La paradoja reside en que, mientras el discurso oficial insiste en la soberanía nacional, la realidad se orienta hacia esquemas de coordinación y presión cada vez más intensos con Washington.

En este contexto, la presidenta ha comprendido que la mejor forma de ganar autonomía dentro del movimiento no es enfrentarlo directamente, sino aprovechar cada cisne negro para ampliar su margen de decisión.

Un escándalo abre nuevas oportunidades. Una investigación altera los equilibrios internos. Una crisis de seguridad redefine prioridades. Una presión internacional genera condiciones inéditas de negociación. Cada acontecimiento extraordinario incrementa el poder disponible.

Por ello, la cuestión ya no es cuál será el próximo cisne negro, sino cuán activo permanece el sistema. La extradición que parecía imposible se convierte en escenario plausible. La extracción se transforma en opción en la sala de situaciones de la Casa Blanca. El dron deja de ser una hipótesis y se convierte en herramienta política, al igual que la operación terrestre.

Taleb afirmó que la historia avanza a partir de sorpresas. En el México actual, la impresión es que las sorpresas han dejado de ser accidentes del sistema; ahora forman parte de su funcionamiento.

En esta dinámica, Claudia Sheinbaum parece haber hallado una fórmula singular: gobernar anticipando lo impensable y, cuando ocurre, utilizarlo a su favor para avanzar más allá de donde estaba el día anterior.

Así, va consolidando el control del gobierno… desde lo impensable.

¿Qué otros Cisnes Negros le despejarán el camino a la presidenta?