Reinventando la Política

 

En Sinaloa, en política, pareciera que están pasando muchas cosas por separado, pero si le ponemos zoom todo apunta a que todo forma parte de una misma trama. El sociologo francés Pierre Bourdieu utilizó el concepto “Campo de poder” para explicar cómo distintos actores compiten por influir en las decisiones más importantes de una sociedad. Si bien es cierto, nadie posee el poder absoluto; este se construye a partir de relaciones, tramas, alianzas, tensiones y equilibrios.

Si observamos el escenario actual mexicano, es posible identificar una triada central, que bien explica Alejandra Lajous en “Los orígenes del partido único”: la Presidencia de la República, el Ejército Mexicano  y el partido (Morena). Son tres espacios distintos, pero profundamente interconectados. Y eso en Sinaloa se ven en línea recta sumamente alienados.

Por un lado, la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta la presión internacional derivada de las exigencias de Estados Unidos en materia de seguridad y combate al crimen organizado. Por otro, el Ejército ha reforzado su presencia en regiones estratégicas del país, entre ellas Sinaloa, donde recientemente se han producido movimientos y relevos en la estructura militar, precisamente en la Tercer Región Militar, además con ello, se han dado ajustes en los operativos desplegados en Culiacán.

Al mismo tiempo, Morena ha puesto en marcha el proceso para definir a los nuevos coordinadores de los Comités para la Defensa de la Cuarta Transformación, una figura que, en los hechos, suele representar el primer paso en la construcción de las candidaturas futuras.

La coincidencia temporal no deja de llamar la atención. Mientras las instituciones de seguridad reacomodan posiciones, el partido en el poder comienza a ordenar su propio tablero rumbo a 2027.

No se trata de afirmar que una decisión dependa de la otra. Sin embargo, los campos de poder rara vez se mueven de manera aislada. La estabilidad política, la gobernabilidad y la sucesión electoral suelen formar parte de una misma ecuación.

En Sinaloa, donde la seguridad se ha convertido en el tema dominante de la agenda pública, la reorganización militar ocurre al mismo tiempo que se abre la competencia interna por los espacios de representación política dentro de Morena. Ambos procesos terminarán influyendo en la configuración del poder estatal en los próximos meses.

Ahora bien,  cuando el partido reorganiza sus liderazgos, el Ejército ajusta sus estrategias y la Presidencia enfrenta presiones externas, estamos frente a algo más que una suma de acontecimientos.

Estamos observando el movimiento de los campos de poder. Y en buena medida el campo de poder más influyente está en la Casa Blanca, ese empuja las decisiones de una forma, en Palacio Nacional administran esas exigencias y mientras en las calles de Sinaloa vemos a las patrullas verdes intentar devolver la tranquilidad a la gente, pero hasta ahora no se ha podido totalmente.

Con esa demanda de restaurar la seguridad de las calles sobre todo en Culiacán y en Mazatlán, así se van a ir a campaña. Mientras el partido en discurso, la presidenta en sus mañaneras y el Ejército con sus operativos no han podido devolverle a Sinaloa la tranquilidad.

Y en política existe una regla simple: cuando la realidad contradice al discurso, termina siendo la realidad la que pasa la factura.

Y hoy la factura se está intentando cobrar desde el 1600 de la calle Pensylvania y eso se percibe desde el Ejército.

Por eso los cambios.