Reinventando la Política
En la política hay momentos en los que una frase, los usos, las conversaciones suele pesar más que todo un discurso completo o una doctrina. La conversación atribuida a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, en la que se le escucha decir: “Yo estoy dispuesta a hablar de todo lo que yo pueda saber, cómo apoyar, cómo cooperar. Yo puedo decir lo que he escuchado en las mesas de seguridad”, abrió un debate que va mucho más allá de la autenticidad del audio.
El fondo es otro: la percepción de que, cuando el poder se encuentra bajo presión, la primera lealtad deja de ser al proyecto político y pasa a ser la supervivencia personal. Morena ha construido buena parte de su narrativa alrededor de conceptos como la lealtad al movimiento y la condena a cualquier acto que pueda interpretarse como una “traición a la patria”. Sin embargo, cuando una figura relevante parece mostrar disposición a colaborar para proteger su propia posición, el discurso enfrenta una prueba de consistencia.
Más allá de confirmar o desmentir el contenido de la conversación, el episodio deja una pregunta incómoda: ¿hasta dónde llega la lealtad en política cuando aparecen investigaciones, presiones o responsabilidades individuales? La historia demuestra que, en situaciones límite, los proyectos colectivos suelen ceder frente al instinto de conservación.
Existe, además, otro elemento delicado. Las mesas de seguridad son espacios de coordinación institucional donde se comparte información sensible entre autoridades civiles y militares, pero por lo que han dicho altas autoridades: no se comparte información de alta prioridad La sola posibilidad de que ese tipo de información pueda convertirse en moneda de negociación política erosiona la confianza entre las instituciones, independientemente de que ello haya ocurrido o no. Y más con el Gobierno estadounidense que está con todo ganando centímetro a centímetro en los temas de comercio, sobre todo en energías. Por ello la agenda de seguridad sirve para presionar.
Quizá la mayor enseñanza de este episodio es que el poder no sólo se mide por la capacidad de gobernar, sino también por la forma en que se enfrenta la adversidad. Porque cuando un proyecto político hace de la lealtad una de sus principales banderas, cualquier percepción de que alguien busca salvarse primero termina convirtiéndose en un problema para todos.
Pareciera que la aún gobernadora de Baja California en su conversación le manda decir a Morena: ¡sálvese quien pueda!
