Reinventando la Política

 

Morena ya empezó a repartir las cartas para 2027. Diez coordinadores de la Defensa de la Transformación han sido definidos y, aunque formalmente todavía no son candidatos, la coordinación funciona como el primer escalón hacia la candidatura a gobernador. El partido dice que la decisión pasa por las encuestas. Pero quizá la pregunta interesante no sea solamente quién ganó la encuesta, sino qué había detrás del encuestado.

Porque una encuesta no llega sola. Llega acompañada de una trayectoria, un grupo político, una estructura territorial, relaciones con el poder y, en algunos casos, un gobernador.

Michoacán resulta ilustrativo: Carlos Torres Piña, exsecretario de Gobierno y exfiscal, fue designado coordinador y su cercanía política con el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla ha sido señalada como uno de los elementos centrales de la disputa interna frente a Raúl Morón.

Guerrero ofrece otra combinación: Beatriz Mojica, senadora con licencia, fue presentada por la dirigencia como la mejor posicionada en las encuestas y es identificada públicamente con el grupo político de Félix Salgado Macedonio, padre de la gobernadora Evelyn Salgado.

Y Sinaloa presenta una diferencia interesante: Imelda Castro llega desde el Senado y no pertenece al grupo político del gobernador Rubén Rocha Moya; incluso ha planteado públicamente la necesidad de gobernar con autonomía y ha reconocido errores de la administración estatal.

Entonces: ¿Estamos viendo solamente una competencia entre aspirantes o una reconfiguración de los grupos de poder?

Porque cuando un gobernador deja el cargo, no necesariamente desaparece su estructura política. Puede intentar dejar una continuidad: alguien cercano, alguien confiable, alguien que conozca los acuerdos, los nombres y los expedientes.

Y aquí aparece una vieja palabra de la política mexicana: el dedazo. Hoy se le llama encuesta.

No necesariamente entendido como una orden directa, sino como la posibilidad de que quien gobierna tenga capacidad para influir en quién habrá de sucederlo.

Jorge Castañeda estudió precisamente la lógica de la sucesión y del llamado “gran elector” en La herencia. Su planteamiento permite recordar que en el sistema político mexicano la sucesión nunca ha sido solamente una competencia electoral: alrededor de ella se concentra una enorme cantidad de poder.

Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿Algunos gobernadores están eligiendo a su sucesor o les están encargando su propia herencia política?

Porque si quien llega tiene que agradecerle al que se va, la continuidad puede convertirse en una forma de protección política.

Y ahí aparece el verdadero asunto: ¿Se hereda solamente el gobierno… o también los problemas del gobierno?

Incluidos aquellos que nadie quiere investigar.